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Polonia despiadada: cinco formas brutales de ejecutar a los criminales

En una época sin televisión, internet ni periódicos sensacionalistas, el pueblo buscaba entretenimiento barato junto al patíbulo de la ciudad. La ejecución de un criminal resultaba más emocionante que la última telenovela turca, y el desenlace era siempre predecible.

Las ejecuciones públicas se organizaban a propósito para servir de advertencia a quienes consideraran el delito. Además, el castigo severo pretendía eliminar al criminal de la sociedad de forma definitiva. Como decía el rey Estanislao Batory al rebelde Samuel Zborowski: Canis mortuus non mordet – «Un perro muerto no muerde».

5. Ahorcamiento con sufrimiento previo

El ahorcamiento tradicional consiste en colocar la soga y empujar el patíbulo. En Polonia, sin embargo, se añadía una capa de tortura: antes de colgar al condenado se le retiraba el soporte de la pierna, provocando una rotura espinal que provocaba una muerte lenta por asfixia. En ocasiones, el reo era colgado por los pies y necesitaba ayuda para caer.

Polonia despiadada: cinco formas brutales de ejecutar a los criminales

El ahorcamiento fue el método más frecuente en la Edad Media y Moderna, aunque a veces se combinaba con otras formas de tormento.

Un caso famoso es el de Bartosz de Lusina, ladrón condenado en 1559 en Cracovia por robar el sello real. Fue marcado con hierro candente en la frente, pecho y espalda, y luego colgado en la horca de la ciudad.

4. Cuartelamiento

Reservado para crímenes graves, el cuartelamiento consistía en ejecutar al reo y, después de la muerte, cortar extremidades y cabeza. A veces la cabeza se exhibía en una horca y los miembros se colocaban en pequeñas horcas auxiliares.

Una variante empleaba cuatro caballos que tiraban del cuerpo en direcciones opuestas. Así fue el destino de Michał Piekarski, quien intentó asesinar al rey Sigismundo III Vasa en 1620. Primero fue torturado con tenazas y le quemaron la mano que había usado contra el monarca. Luego, tras ser despojado de su nobleza, fue desmembrado por los caballos.

Polonia despiadada: cinco formas brutales de ejecutar a los criminales

El proceso duró gran parte del día, de 9 a.m. a 4 p.m.; sus restos fueron incinerados y las cenizas arrojadas al Vístula.

3. Quema en la hoguera

Este castigo se reservaba principalmente a herejes, pues se creía que el fuego purificaba el pecado de negar la fe. En la era moderna la aplicación fue menos frecuente que en la Edad Media.

En Cracovia, en 1539, se quemó a Katarzyna Weiglowa, acusada de abandonar el cristianismo. También fueron ejecutados un sacerdote que profanó la Eucaristía y un ladrón de alhajas eclesiásticas.

Polonia despiadada: cinco formas brutales de ejecutar a los criminales

Las hogueras se levantaban en la Plaza Mayor, cerca de la Basílica de Santa María. En Polonia era habitual estrangular al condenado antes de prenderle fuego para evitar una muerte lenta.

2. Empalamiento

El empalamiento consistía en clavar una estaca afilada en el ano o la ingle del reo, levantarla y dejar que el peso del cuerpo lo atravesara, perforando órganos internos. Fue usado, por ejemplo, contra Aleksander Kostka Napierski, líder rebelde de 1651.

Tras su captura, Napierski fue empalado; según el testigo Wawrzyniec Rudawski, «el verdugo fue torpe y lo empaló diez veces».

1. Rueda de tortura

El condenado, desnudo y atado, era colocado bajo una rueda con clavos o una barra de hierro. Se le golpeaba brutalmente las articulaciones y, a veces, el pecho. El caso de Löbel Kurtzhandl, un judío de Praga ejecutado en 1694, ilustra la crueldad: recibió treinta golpes de una rueda de 40 kg en brazos y piernas, y más de diez en el pecho.

Si el reo aceptaba convertirse al cristianismo, se le aplicaba una versión menos cruel, comenzando los golpes en el pecho para romper la médula y acortar el sufrimiento, aunque el espectáculo seguía siendo sangriento.

Inspiración

Este artículo se inspiró en la novela de Marek Toman Noticias terroríficas del cruel asesinato de Szymon Abeles.

Bibliografía

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