historia historica

Tenochtitlán: la majestuosa metrópoli azteca que también olía a sangre

La llegada de Cortés

El 8 de noviembre de 1519, Hernán Cortés y sus hombres arribaron al corazón del imperio azteca. Ante sus ojos se alzaba Tenochtitlán, una ciudad brillante que se extendía sobre las islas del lago Texcoco, conectada al continente por calzadas y puentes levadizos.

La capital contaba con más de 200 000 habitantes, superando a cualquier metrópoli europea de la época. Sus acueductos de terracota, de más de 4 km de longitud, traían agua del cerro de Chapultepec, mientras que el agua potable provenía de arroyos de montaña.

Tenochtitlán: la majestuosa metrópoli azteca que también olía a sangre

Bernal Díaz del Castillo describió la escena con asombro: "Tantas torres y templos de piedra surgían del agua que algunos soldados preguntaron si no estábamos soñando".

El esplendor de la ciudad

Los españoles fueron recibidos con honores en palacios de piedra encalada, amplias salas adornadas con telas pintadas, patios, fuentes y jardines que recordaban a Ámsterdam o Venecia. La ciudad estaba surcada de canales, puentes y calzadas anchas donde el tráfico de gente y mercancías nunca cesaba.

El zoo de Moctezuma

En los recintos palaciegos se alzaba un impresionante zoológico: águilas gigantes, colibríes, jaguares, pumas, leones y tigres (denominados así por los españoles) y una gran cantidad de serpientes venenosas. Los animales eran alimentados con carne de cabra, pollo, perros e, incluso, cuerpos de indígenas sacrificados.

Tenochtitlán: la majestuosa metrópoli azteca que también olía a sangre

Barcos cargados de estiércol

En el gran mercado de Tlatelolco, los españoles observaron una extraña mercancía: barcos rebosantes de excremento humano. Ese material se utilizaba para producir alumbre y curtir pieles. Los comerciantes construían pequeñas chozas de caña y hierba donde los viajeros podían vaciar sus necesidades sin contaminar la vía pública.

Dioses sedientos de sangre

Al subir los 114 escalones del Templo Mayor, los conquistadores se enfrentaron a imágenes macabras y a un olor a sangre coagulado que superaba al de cualquier matadero castellano. El templo de 60 m de altura estaba dedicado a Huitzilopochtli, y diariamente se realizaban sacrificios humanos: corazones arrancados del pecho y sangre derramada para alimentar al sol.

Tenochtitlán: la majestuosa metrópoli azteca que también olía a sangre

En los alrededores había un tzompantli, una enorme pared de cráneos que los aztecas consideraban prueba de su deber de salvar al mundo.

La Noche Triste

En 1520, tras la captura de Moctezuma y la imposición de una capilla católica en el Templo Mayor, la tensión alcanzó su punto máximo. Cuando los españoles intentaron escapar de la ciudad bajo la noche, los puentes fueron derribados y el avance se convirtió en una masacre. Entre 150 y 400 conquistadores y miles de aliados tlaxcaltecas perdieron la vida; gran parte del botín se hundió en el lago.

La caída de Tenochtitlán

Una epidemia de viruela diezmaría a la población indígena y, tras meses de sangrientas batallas, Cortés tomó la ciudad el 13 de agosto de 1521. Durante cuatro días los españoles saquearon y asesinaron a sus habitantes, y luego demolieron los templos para erigir iglesias cristianas. Con el tiempo, el lago Texcoco se drenó y la antigua metrópolis desapareció, dejando sólo vestigios de una de las mayores hazañas de ingeniería del mundo precolombino.

Bibliografía

  1. Maurice Collis, "Cortés y Moctezuma", Wydawnictwo Dolnośląskie, 2004.
  2. Bernal Díaz del Castillo, "Diario de un soldado de Cortés", Varsovia, 1962.