Los U‑boats alemanes y la amenaza a la economía británica
Durante la Segunda Guerra Mundial los submarinos alemanes (U‑boat) pusieron en jaque la economía del Reino Unido. Churchill no ocultó que la mayor preocupación de su gobierno era la amenaza que representaban los U‑boat, que en el Atlántico cazaban a los llamados "vacas lecheras": buques cargados de combustible y alimentos que abastecían a Gran Bretaña.
Una caza nocturna en el corazón del Atlántico
Los U‑boat eran la pesadilla de las tripulaciones de los barcos de suministro. En la noche, bajo la cobertura de la oscuridad, los alemanes lanzaban torpedos a corta distancia contra barcos que navegaban a apenas 7 nudos. En la zona central del Atlántico, alejada de la costa, se formó un "vacío de aviones" conocido como el "paraíso de los U‑boat", donde la vigilancia aérea era prácticamente nula y los submarinos operaban con relativa libertad.
El frente más importante de la guerra
En los primeros años del conflicto los U‑boat hundieron cientos de convoyes que transportaban alimentos y materias primas a Gran Bretaña. En 1939 el Reino Unido importaba 55 millones de toneladas de alimentos y materias primas al año; consumía el 30 % del trigo mundial, el 25 % de la carne de vacuno y el 40 % del té. La pérdida de esos suministros habría podido obligar a Gran Bretaña a buscar la paz.
Por eso Churchill consideraba que el verdadero frente de la guerra estaba en el Atlántico. La batalla fue sangrienta de principio a fin: los U‑boat cazaban los convoyes y los destructores aliados cazaban los U‑boat. La principal herramienta de detección aliada era la localización por radio (Huff‑Duff), que permitía triangular la posición de un barco emitiendo un mensaje, de forma similar al GPS actual.
Los "lobos" de Dönitz
La inteligencia británica tardó en descifrar los mensajes alemanes cifrados con la Enigma marítima, más compleja que la utilizada por el ejército y la Luftwaffe. En 1941, sin embargo, la unidad de cripto‑inteligencia alemana B‑Dienst logró romper los códigos de la Marina británica, proporcionando al almirante Karl Dönitz datos precisos sobre fechas, rutas, velocidad y composición de los convoyes.
Con esa información Dönitz aplicó la táctica de los "manadas de lobos": grupos de U‑boat que se reunían en medio del Atlántico para atacar un convoy simultáneamente. Cada ataque provocaba incendios y hundimientos de buques cargados de tanques, cañones, municiones y, por supuesto, té.
En 1943 los británicos comprendieron que sus códigos estaban siendo vulnerados y cambiaron de sistema; la inteligencia alemana perdió su fuente más valiosa. A partir de entonces los Aliados pasaron a la ofensiva, convirtiendo a los U‑boat en el principal objetivo de sus fuerzas navales y aéreas.
El almirante Karl Dönitz, comandante de la U‑Bootwaffe.
Para contrarrestar a los submarinos, los Aliados introdujeron radar, receptores Huff‑Duff en los buques y mejoraron el sonar Asdic. También modernizaron las bombas de profundidad y sus lanzadores. Sin embargo, los U‑boat seguían realizando maniobras audaces, infiltrándose entre las columnas del convoy y lanzando torpedos a ambos lados.
Caza de las "vacas lecheras"
Los alemanes habían creado buques de apoyo denominados Milchkühe (vacas lecheras). Eran submarinos tipo XIV, de 75 m de eslora y 1 695 t de desplazamiento, capaces de permanecer en alta mar hasta diez meses. No llevaban torpedos, pero transportaban combustible para 4‑5 U‑boat, repuestos, municiones, alimentos, medicinas, correo e incluso un médico y una pequeña panadería.
Solo se construyeron diez Milchkühe, mientras que se fabricaron más de 850 U‑boat convencionales. Gracias a la descodificación de Enigma, la Marina real sabía que esas “vacas” eran el eje de la logística submarina y decidió atacarlas con grupos de búsqueda estadounidenses, apoyados por aviones de escolta que eliminaban el temido "agujero negro" del Atlántico.
Los U‑boat recibían reabastecimiento en pleno Atlántico, lo que les permitía volver al combate durante meses sin volver a puerto.
En julio‑agosto de 1943 los buques de la US Navy hundieron 13 U‑boat, entre ellos cuatro "vacas lecheras". El proceso de transferencia de combustible y suministros era lento (cuatro horas para el combustible y dos para los demás materiales) y requería maniobras peligrosas, lo que los hacía vulnerables a los ataques.
El 4 de octubre de 1943 aviones Avenger y Wildcat del portaaviones escolta USS Card sorprendieron al U‑460 mientras abastecía a otros submarinos, hundiendo la "vaca" con un torpedo acústico Fido lanzado desde el aire.
Hasta 1944 sólo sobrevivieron los U‑488 y U‑490; el primero fue abatido el 26 de abril de 1944 por los destructores USS Barber, USS Frost, USS Huse y USS Snowden. El 12 de junio de 1944 el U‑490 fue localizado mediante una transmisión de radio y hundido por los mismos destructores estadounidenses.
El papel de Enigma
La destrucción de las "vacas lecheras" supuso un golpe decisivo a la capacidad alemana de mantener operaciones submarinas de largo alcance. Winston Churchill estaba extremadamente preocupado por la confidencialidad del descifrado de Enigma, pues sabía que esa ventaja aliada podía cambiar el curso de la guerra en el mar.
Los alemanes sospechaban que la información sobre los movimientos de los buques se filtraba a través de trabajadores de astilleros o de la resistencia francesa, pero la verdadera causa era la detección de sus transmisiones de radio por parte de los Aliados.
La guerra contra los U‑boat no terminó con su retirada del Atlántico en 1943; simplemente cambió de forma. Mientras que en abril y septiembre de 1943 los submarinos luchaban por la victoria alemana, después su objetivo pasó a ser retrasar la derrota y dificultar la invasión aliada del suroeste de Europa.
Al final de la contienda los U‑boat alemanes hundieron 2 800 buques aliados y 175 buques de guerra, pero perdieron 784 de los 830 submarinos que pusieron en servicio.
Bibliografía
- Ballantyne, Deadly Craftsmanship: History of the Submarine War, Ed. Rebis.
- Blair, Hitler's U‑boat War, Ed. Magnum.
- Werner, Iron Coffins, Ed. Finn.