El Museo Histórico Judío de Ámsterdam acoge la exposición especial Jews in the Caribbean: four centuries of history in Suriname and Curaçao. Es la primera muestra que reúne la investigación más exhaustiva sobre la presencia judía en estas colonias caribeñas, una historia que sigue latente pero a menudo pasa desapercibida.
Un recorrido histórico
Para abordar cuatro siglos de historia en una sola exposición, los curadores optaron por seguir la ruta migratoria de los judíos. Desde Ámsterdam, la exposición muestra su paso por Brasil, Nueva Ámsterdam (actual Nueva York) y, finalmente, sus asentamientos en Curazao y Surinam. Más de trescientos objetos –desde artefactos religiosos raros hasta documentos de archivo, mapas, pinturas, cartas, fotografías y utensilios cotidianos– ilustran la vida diaria de los judíos en el Oeste.
Libertad religiosa y comercio
Tras la expulsión de los judíos sefardíes de Portugal y España a finales del siglo XVI, muchos encontraron refugio en Ámsterdam, donde gozaron de una relativa libertad religiosa y comercial. Podían asistir a su sinagoga y dedicarse al comercio, pero estaban excluidos de los gremios artesanales.
Con el apoyo de la West India Company (WIC) desde 1621, los comerciantes judíos se establecieron en Brasil y, después, en Nueva Ámsterdam. En Recife (Brasil) llegaron a constituir el grupo judío más numeroso de la década de 1640, participando en el comercio de esclavos y en artesanías locales.
La congregación madre en la frontera
En 1654, tras la expulsión holandesa de Brasil, muchos judíos regresaron a Ámsterdam o se dirigieron a la nueva colonia de Nueva Holanda. El gobernador calvinista Peter Stuyvesant se mostró reacio a admitirles, pero una petición presentada por la comunidad sefardí de Ámsterdam logró que se les permitiera asentarse y comerciar, aunque sin plena libertad religiosa ni artesanal. Por ello muchos migraron a Curazao y Surinam, donde la tolerancia era mayor y las comunidades judías llegaron a representar entre un tercio y la mitad de la población blanca.
Investigación y vacíos históricos
La curadora Julie‑Marthe Cohen dedicó dos años a investigar el papel de los judíos en Curazao y Surinam. “Se ha estudiado mucho la presencia judía en Ámsterdam y en el Oeste hasta el siglo XIX, pero hay lagunas importantes en nuestro conocimiento de los siglos XIX‑XX”. La exposición pretende, pues, estimular nuevas investigaciones.
Al comparar ambas colonias, Cohen encontró similitudes y diferencias marcadas: mientras Curazao se desarrolló como un centro comercial, Surinam se estructuró como una sociedad de plantaciones.
Cultura comercial vs. cultura de plantación
Hasta 1920, la comunidad sefardí de Curazao era la única judía de la isla y disfrutó de gran prosperidad, construyendo villas monumentales en el barrio de Scharloo y estableciendo comercios en la zona de Punda. Fotografías, objetos y entrevistas revelan la vida cotidiana, incluida la presencia de las yayas (niñeras de color) que cuidaban a los niños.
En el siglo XX, la influencia del judaísmo liberal estadounidense y los movimientos migratorios redujeron drásticamente la comunidad. La revuelta de 1969, en la que la población de color se sublevó contra la élite blanca, provocó la emigración de muchos judíos, especialmente de los descendientes alemanes que recordaban los pogromos de la Rusia zarista.
Hoy la comunidad judía de Curazao (mezcla de sefardíes y alemanes) cuenta con menos de 150 personas. Cohen señala que, a diferencia de Surinam, la comunidad curazoleña sigue siendo una élite blanca poco asimilada; los hijos de padres judíos y madres de color son poco mencionados y a menudo se perciben con vergüenza.
En Surinam, la mezcla cultural fue más fluida. Tras la caída de la economía de plantaciones a finales del siglo XVIII, los propietarios judíos se empobrecieron y se trasladaron a Paramaribo, donde convivieron con mulatos, judíos alemanes y esclavos liberados. Las familias mixtas se normalizaron y los mulatos fueron aceptados por la comunidad judía.
La exposición también aborda la relación entre la comunidad judía y la esclavitud. En la zona de Jodensavanne, una aldea judía autónoma, se conservan cadenas de esclavos y una lámpara memorial junto a un rollo de la Torá del siglo XVIII, recordando la compleja historia de la plantación y la resistencia.
Según Cohen, “todos los surinameses llevan sangre judía, aunque muchos no lo sepan”. Nombres como el del exfutbolista Edgar Davids demuestran la huella judía en la sociedad surinamesa.
El proyecto Suri‑Jewish llevó a ancianos surinameses a explorar sus raíces judías mediante entrevistas y documentales que forman parte de la exposición.
Paralelamente, se publicó el libro Jews in the Caribbean, editado por Julie‑Marthe Cohen, con la colaboración de varios expertos que analizan cuatro siglos de historia judía en el Caribe.
La exposición estará abierta en el Museo Histórico Judío de Ámsterdam del 31 de enero al 14 de junio de 2015.