historia historica

Igualdad, libertad, fraternidad

El siglo XVIII fue la era de la Ilustración: surgieron nuevas ideas sobre la libertad individual y la igualdad de todos los ciudadanos. En los Países Bajos, estos ideales se concretaron de golpe con la Revolución Batava de 1795. A diferencia de otras naciones, la igualdad se convirtió allí en un ideal superior a la libertad, y la mayor parte de las reformas políticas de finales del siglo XVIII se inspiraron en ella.

En 1795, la Revolución Batava, impulsada por ciudadanos descontentos y apoyada por el ejército francés, derrocó al estadho y a los regentes, estableciendo una república. Durante la República Batava (1795‑1806) se promulgó la Constitución de 1798 y, por primera vez, se introdujo una democracia representativa en los Países Bajos, sentando las bases de la política moderna neerlandesa.

El impulso definitivo llegó el 31 de enero, cuando la administración provisional de la provincia de Holanda proclamó una Declaración de Derechos Humanos y de los Ciudadanos. En cuestión de semanas, las demás regiones siguieron su ejemplo, estableciendo que la sociedad neerlandesa se basaría en derechos naturales e inalienables.

El artículo inaugural afirmaba: "Todos los hombres nacen con derechos iguales y esos derechos naturales no pueden ser arrebatados". Esa fue la primera puesta en práctica en los Países Bajos de una idea surgida en la Ilustración: la igualdad de todas las personas, en contraste con la sociedad de clases que prevalecía hasta entonces.

La importancia de la igualdad

Los revolucionarios consideraban que el antiguo orden debía terminar. Las revoluciones americana (1776), francesa (1789) y batava (1795) compartían declaraciones de derechos donde la igualdad humana era el ideal subyacente. Ese principio quedó plasmado no solo en la declaración de 1795, sino también en las distintas constituciones de la época.

Alrededor de 1800, la palabra "igualdad" era incluso más importante que "libertad", considerada antes y después el ideal supremo. Los batavos creían que la libertad no podía existir sin igualdad, por lo que invirtieron el orden del lema francés "liberté, égalité, fraternité", colocando primero la igualdad: igualdad, libertad, fraternidad. El segundo artículo de la Declaración de Derechos enumeraba los derechos humanos en este orden: igualdad, libertad, seguridad, propiedad y resistencia a la opresión.

Igualdad por naturaleza y por ley

La idea de que los seres humanos son iguales por naturaleza ganó terreno a finales del siglo XVIII, impulsada por la Ilustración, que exaltaba al individuo autónomo y crítico. Filósofos como Spinoza, Locke, Hume y Rousseau defendían que todos los humanos poseen derechos naturales que les permiten convertirse en ciudadanos ilustrados.

En los Países Bajos, el panfleto de Pieter Paulus "Tratado sobre la cuestión: ¿En qué sentido pueden decirse iguales las personas? ¿Cuáles son los derechos y deberes que de ello emanan?" (1793) tuvo gran repercusión. Paulus, autor de la Declaración de Derechos de 1795, basó su argumento en el debate intelectual internacional y en la Biblia: "No hagas a tu prójimo lo que no quieras que te hagan a ti".

Cuando estalló la revolución, existía un amplio consenso entre los reformistas de que la igualdad debía ser la base del nuevo sistema político. Se garantizó la seguridad y la propiedad para todos, la libertad de expresión y prensa, y la libertad de culto, vinculada a la separación entre Iglesia y Estado.

¿Qué derechos para quién?

La separación Iglesia‑Estado supuso que ninguna confesión podía privilegiarse. Así, la antigua Iglesia Reformada, que disfrutaba de pensiones estatales, perdió esos privilegios. En cuanto a los derechos políticos, antes de 1795 sólo los protestantes reformados podían ocupar cargos públicos. Tras la revolución, la política se abrió a todas las confesiones: católicos y protestantes no reformados obtuvieron derechos de voto activo y pasivo casi de inmediato.

El verdadero reto surgió con la cuestión judía. En 1796, diputados judíos solicitaron el pleno reconocimiento de sus derechos civiles, pues se les negaba el voto y la participación en asociaciones. Los opositores alegaban que los judíos eran extranjeros, no parte de la "Nación Neerlandesa". Los defensores respondieron que, a pesar de sus costumbres distintas, la religión no podía ser motivo para negar derechos. El 2 de septiembre de 1796 la Asamblea Nacional declaró que los judíos también disfrutaban de todos los derechos civiles, y ese mismo año dos judíos fueron elegidos al parlamento, una primicia en Europa.

Derechos de voto solo para ciudadanos independientes

Sin embargo, la igualdad no se aplicó plenamente en los derechos políticos. Tras 1795, los hombres mayores de veinte años que no recibían asistencia estatal podían votar, lo que representaba cerca del 40 % de la población adulta, una cifra sorprendente comparada con menos del 1 % antes de la revolución. Pero niños, mujeres y los que dependían de la asistencia pública quedaron excluidos bajo el argumento de que solo los ciudadanos económicamente independientes podían ejercer el voto.

Algunos, como las sufragistas, defendían que la igualdad debía traducirse en voto femenino, ya que las mujeres compartían las mismas capacidades mentales que los hombres. Otros revolucionarios, como Pieter Vreede, sostenían que la pobreza no era razón suficiente para excluir a nadie, pues la dependencia era mutua en una sociedad igualitaria.

Aunque se introdujo un sistema tributario progresivo y la Constitución de 1798 exigía al gobierno promover el empleo y supervisar la asistencia a los pobres, la igualdad económica no fue el objetivo principal de la Revolución Batava. El foco estuvo en garantizar derechos y obligaciones sociales basados en la igualdad natural.

Igualdad, salvo excepciones

El ideal de igualdad impulsó las reformas políticas de la República Batava, sustituyendo un sistema basado en origen, clase y privilegio por uno en que los ciudadanos eran iguales ante la ley y poseían derechos naturales. No obstante, la práctica mostró que la igualdad no se tradujo en la universalidad de los derechos políticos.

Aun así, la Revolución Batava marcó una ruptura histórica: introdujo el principio de derechos iguales para los ciudadanos y cambió la norma de desigualdad que prevalecía antes de 1795. Desde entonces, la igualdad natural se convirtió en la norma absoluta, aunque con frecuentes desviaciones.

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