Los últimos cincuenta años están llenos de incidentes sorprendentes con armas nucleares, pero ninguna ha detonado accidentalmente. ¿Cuántas veces el mundo ha escapado a un desastre y cómo?
Incidentes que rozaron la catástrofe
En 1958, un bombardero B‑47 se incendió en una base estadounidense en Marruecos. Llevaba armas nucleares, pero el fuego no las activó.
Tres años después, un B‑52 se partió en el cielo de Carolina del Norte; dos bombas de hidrógeno cayeron al campo sin explotar.
En 1980, un ingeniero de una base militar en Arkansas provocó sin saber una fuga en el tanque de combustible de un misil nuclear. Al día siguiente el misil estalló, pero la ojiva permaneció intacta.
Estos episodios aparecen en Command and Control de Eric Schlosser, que muestra cuántas veces la humanidad ha pasado “por el ojo de la aguja”. Sico van der Meer, del Instituto Clingendael, asegura que estos hechos son recurrentes y que no existen estadísticas oficiales porque los archivos siguen sin abrirse totalmente.
Historia de la bomba nuclear
El proyecto Manhattan, con miles de millones de dólares y más de cien mil empleados, dio origen a dos tipos de bombas en 1945.
La primera, conocida como “bomba de cañón”, utilizaba uranio enriquecido disparado por explosivos convencionales contra otro fragmento de uranio, creando una reacción en cadena. Con menos de un gramo de masa se liberó la energía que destruyó Hiroshima.
La segunda empleaba plutonio comprimido en una esfera mediante explosivos sincronizados, generando la reacción crítica.
La bomba de hidrógeno, la más potente jamás construida, combina una bomba de fisión (las dos anteriores) con una segunda fase de fusión nuclear, produciendo una explosión mucho mayor.
Mecanismos de seguridad: el interruptor esencial
Las armas nucleares modernas incorporan sistemas de seguridad que hacen imposible su detonación accidental. Cada bomba requiere al menos dos códigos de autorización, conocidos como Permissive Action Links (PAL). Desde los años 60 este sistema ha evolucionado y hoy es extremadamente sofisticado.
Arend Meerburg, exfuncionario del Ministerio de Asuntos Exteriores, recuerda que en los años 50 la protección era mínima y cualquier comandante podía lanzar un arma nuclear.
Además de PAL, existen sensores que sólo activan la bomba cuando detectan una curva de aceleración propia del lanzamiento, separadores “débil” y “fuerte” que se rompen en caso de accidente, y carcasas resistentes al fuego que protegen los explosivos convencionales y la ojiva nuclear.
¿Garantizan una seguridad del 100 %? Van der Meer admite que la probabilidad es muy baja, pero nunca se puede descartar por completo. Los “casi desastres” registrados incluyen explosiones de los explosivos convencionales que podrían generar bombas sucias, es decir, dispersión de material radiactivo sin detonación nuclear.
Armas nucleares en Países Bajos
Según Van der Meer, la preocupación mayor son las bombas de generaciones antiguas, como las que supuestamente se encuentran en la Base Aérea de Volkel y datan de los años 60, sin los sistemas de seguridad más modernos.
Los movimientos pacifistas exigen su devolución a EE. UU., pero el gobierno holandés las mantiene como parte de una alianza estratégica y como palanca en negociaciones con Rusia.
En contraste, países como Corea del Norte podrían no contar con los mismos niveles de protección, aunque la información sigue siendo altamente secreta.
Eliminar las masas de armas nucleares
Barack Obama prometió un mundo sin armas nucleares, pero la realidad muestra que la industria de defensa y los laboratorios siguen recibiendo miles de millones de euros. Además, cientos de misiles en “alerta alta” constituyen una especie de “máquina del juicio final” que aumenta el riesgo de represalias automáticas.
Van der Meer y Meerburg coinciden en que los 18 000 ojivas existentes, concentradas al 97 % en EE. UU. y Rusia, son innecesarias y extremadamente costosas. Argumentan que la destrucción de ciudades completas es un objetivo obsoleto; las armas convencionales de precisión pueden lograr objetivos militares sin el riesgo nuclear.