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Leonardo da Vinci: el auténtico todoterreno del Renacimiento

Leonardo da Vinci: el auténtico todoterreno del Renacimiento

Personas de todo el mundo acuden a Londres para admirar las obras del famoso artista renacentista Leonardo da Vinci, cuya exposición en la National Gallery se agotó hace meses. Sin embargo, Leonardo hizo mucho más que pintar; encarnó el ideal del “homo universalis”, un sabio capaz de abordar la ciencia desde todas sus áreas.

Solo en la madurez comenzó a involucrarse intensamente en la investigación científica. No era un científico en el sentido moderno, pues no formulaba teorías ni dirigía experimentos sistemáticos. Su método consistía en observar la naturaleza con detalle y plasmar esas observaciones en dibujos minuciosos, especialmente en botánica y zoología.

Plantas en detalle

Los cuadernos de Leonardo están repletos de descripciones y bocetos de plantas. Como artista y amante de la naturaleza, quería registrar la estructura, el crecimiento y las diferencias entre especies. Sus observaciones son tan precisas que pueden considerarse estudios científicos.

Por ejemplo, analizó la relación entre el grosor de las ramas y el tronco, proponiendo que la suma de los diámetros de todas las ramas que crecen en un año equivale al diámetro del tronco. También sostuvo que las ramas bajas crecen mejor que las altas porque la savia sube más fácilmente desde la base. Notó que las hojas siempre orientan su parte superior al cielo y describió patrones de inserción en el tallo.

Estos conocimientos aparecen en sus pinturas más famosas. En “La Anunciación”, el ángel Gabriel sostiene un lirio detallado que simboliza la virginidad de María. En “La Virgen de las Rocas”, el paisaje está poblado de plantas y flores tan precisas que un botánico podría identificar las especies representadas.

En busca del alma

Con la misma rigurosidad, Leonardo estudió la anatomía humana por una razón especial.

Si bien soñaba con máquinas voladoras imposibles, su verdadera fascinación era el cuerpo humano, la máquina más compleja y misteriosa. Creía que comprender su anatomía le ayudaría a descubrir lo que da vida al ser humano: el alma.

Leonardo basó su investigación en la observación empírica: dibujaba y describía lo que veía, sin depender de autoridades externas. Para ello realizó disecciones, a pesar del fuerte olor de los cuerpos en descomposición, ya que en el siglo XVI no existían métodos de conservación.

Su ingenio le permitió crear dibujos extremadamente detallados, como el cráneo visto desde varios ángulos después de rellenar el cerebro con cera caliente para revelar sus cavidades. Ataba cuerdas a esqueletos como marionetas para estudiar el movimiento. Sus cuadernos combinan belleza y cierta crudeza, con ilustraciones de órganos, fetos y comparaciones entre la anatomía humana y la de cerdos, bueyes, aves, ranas y caballos.

Aunque nunca encontró “el alma” y su tratado anatómico no se publicó hasta 1632, sus ilustraciones revolucionaron la medicina, convirtiéndose en referencia para los médicos de la época.

Errores humanos

Leonardo también aportó ideas brillantes a la matemática, aunque a veces cometió equivocaciones.

En uno de sus cuadernos escribió: “La ciencia de la pintura comienza con el punto, luego la línea, después el plano y, por último, el cuerpo cubierto de planos”. Evidencia su dominio de la geometría espacial. Entre sus contribuciones destaca el dibujo de un cuboctaedro romboidal (un poliedro convexo con 26 caras: 8 triángulos y 18 cuadrados). Por siglos se consideró perfecto, hasta que el matemático holandés Rinus Roelofs detectó un error en la representación. Según Roelofs, eso no disminuye la genialidad de Leonardo; al contrario, muestra que incluso los grandes genios son humanos.

Tierra, sol y luna

Gracias a observaciones precisas, Leonardo comprendió cómo la luz solar ilumina la Luna.

Su aporte astronómico más importante está en el llamado “Codex Leicester”, una colección de 18 hojas plegadas con notas y bocetos. Vivió en una época en que la astronomía aún era incipiente; el telescopio no existía y prevalecía la teoría geocéntrica, que él mismo aceptaba. Sin embargo, describió con claridad que la Luna no emite luz propia, sino que refleja la del Sol.

Leonardo fue el primero en notar que la Tierra también refleja luz solar hacia la Luna, lo que explica el brillo tenue de la “cuña” de la Luna nueva justo después del atardecer. Además, afirmó que la superficie lunar no podía ser lisa como un espejo, pues de lo contrario la luz se concentraría en un punto. Propuso que la Luna estaba cubierta de agua, una conclusión incorrecta, pero su idea de una superficie rugosa fue acertada.

El codex está en posesión de Bill Gates, quien lo exhibe ocasionalmente.

Geología y fósiles

Tal vez la faceta más intrigante de Leonardo se halla en la geología.

Creció en el norte de Italia, rodeado de rocas y fósiles, lo que despertó su curiosidad por preguntas fundamentales: ¿cómo llegaron conchas y restos marinos a las altas montañas? En sus escritos escribió: “Nuestros testigos son objetos formados en agua salada y hallados en altas montañas lejos del mar… debemos suponer que esos lugares fueron una vez costas”.

En su tiempo se atribuía la presencia de fósiles al Diluvio bíblico o a una creación directa de la montaña. Leonardo cuestionó esas explicaciones, señalando que los fósiles no estaban distribuidos uniformemente y que también se hallaban huesos de peces, lo que indicaba una historia más compleja.

Aunque desconocía la tectónica de placas, comprendió que los ríos transportan sedimentos y que las montañas están formadas por capas depositadas en sucesivas inundaciones, estableciendo que la capa más baja es la más antigua. Este principio, básico en la geología moderna, era novedoso en el siglo XVI.

Formación y trayectoria

Su padre, Piero, le enseñó latín, matemáticas y geometría. A los catorce años se hizo aprendiz de Andrea di Cione, “uno de los mejores maestros de Florencia”, quien le instruyó en dibujo, pintura, fabricación de pigmentos, metalurgia, ebanistería y marroquinería.

Alrededor de 1480, Leonardo entró en contacto con la influyente familia Medici. Lorenzo de Medici, astuto político, lo envió al duque de Milán en 1482. Allí permaneció hasta 1499 y creó obras como “La Última Cena” y “La Virgen de las Rocas”.

En 1502 sirvió a Cesare Borgia, dibujando mapas topográficos detallados. Más tarde vivió entre Roma, Milán y Florencia, involucrándose en asuntos militares y políticos.

En 1515, tras la conquista de Milán por el rey Francisco I de Francia, Leonardo se incorporó a la corte francesa. Pasó sus últimos años en el castillo de Clos Lucé, donde falleció en 1519.