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El deporte en la Antigua Grecia: entrenamiento, dietas y héroes

Horarios de entrenamiento exigentes, dietas especiales, fisioterapia, masajes y los últimos descubrimientos científicos: todo ello parece propio de los atletas de élite de hoy. Sin embargo, los antiguos griegos ya vivían esa realidad. El deporte y el atleta ocupaban un lugar en la sociedad incluso más importante que en la actualidad.

Superar al resto

«Ser mejor que los demás» era el lema que los padres griegos inculcaban a sus hijos. Ese pensamiento también se aplicaba al deporte, considerado una preparación ideal para la guerra. En la Grecia homérica, la competición era vista como un entrenamiento valioso para el campo de batalla.

Los espartanos y su rigor

Los famosos espartanos perfeccionaron el concepto: desde los siete años, los niños eran reclutados y sometidos a un entrenamiento militar riguroso en campamentos especiales. Ese entrenamiento les permitió destacar en las competiciones oficiales y coleccionar numerosos premios.

Los Juegos Olímpicos

Los primeros Juegos Olímpicos probablemente se celebraron en el 776 a.C., según menciona Hipias de Elis (siglo V a.C.). Fueron los más antiguos y prestigiosos, y a partir del siglo VI a.C. se unieron a ellos los Juegos de Delfos, Nemea e Istmo, formando el Periodos o Ciclo de Juegos. En cada ciclo de cuatro años, los atletas podían competir una vez en Olimpia y Delfos y dos veces en los otros dos lugares.

Los Juegos olímpicos duraban cinco días, pero solo dos estaban dedicados a las competiciones. El mayor honor era ganar una corona de ramas de olivo sagrado, más valiosa que cualquier recompensa monetaria. Los campeones también recibían generosas recompensas de sus ciudades, lo que hacía de la victoria un beneficio económico y social.

El gimnasio (Gymnasion)

En Atenas, ya en el siglo V a.C., los jóvenes de 18‑19 años cumplían su servicio militar en el gimnasio, que pronto se convirtió en un centro de encuentro donde se entrenaba el cuerpo y se impartían lecciones filosóficas. Filósofos como Aristóteles y Sócrates dictaban sus enseñanzas bajo las columnas del gymnasion.

Durante el periodo helenístico (323‑146 a.C.) el gimnasio se trasladó del periférico al centro de la ciudad, convirtiéndose en el punto de reunión social por excelencia. Allí entrenaban niños de todas las edades y también adultos que querían mantenerse en forma.

Las sesiones incluían golpes al saco, combates de sparring y masajes posteriores. La preparación para los Juegos Olímpicos comenzaba diez meses antes del evento y, un mes antes, los atletas se concentraban en el gimnasio bajo una estricta política de entrenamiento.

Cuerpos extraordinarios

La profesionalización y la especialización son tendencias tan actuales como antiguas. Los griegos dejaron atrás el misticismo y, con la llegada del gimnasio, adoptaron métodos científicos para mejorar el rendimiento.

Las ciudades designaban entrenadores que supervisaban a los atletas en todos los aspectos: fisioterapia, alimentación, ciencia del ejercicio, técnica y táctica. Se seleccionaba a los jóvenes según su fisonomía: los corpulentos se destinaban a la lucha, los delgados y de extremidades largas a la carrera.

Algunas representaciones artísticas muestran cuerpos desproporcionados, con torsos enormes y cabezas pequeñas, evidenciando la búsqueda extrema de la perfección física.

Dieta y remedios

Los primeros atletas se alimentaban de queso y aceitunas secas, pero en el siglo V a.C. surgió una revolución dietética. Dromeus de Arcadia introdujo una dieta basada en carne, lo que le llevó a conquistar el título olímpico de larga distancia en 484 y 480 a.C. Tras comprobar sus beneficios, los entrenadores adoptaron la carne como alimento principal, a pesar de su alto coste.

Además de la alimentación, los entrenadores utilizaban hierbas medicinales y estimulantes para prevenir calambres y mejorar la resistencia. La ciencia del cuerpo también influía: se estudiaban la fisiología muscular, los efectos de ciertos alimentos y los baños de vapor frío o caliente. Los entrenadores colaboraban con científicos y registraban sus conocimientos en manuales que circulaban desde el siglo V a.C.

Los campeones

Los entrenadores solían ser antiguos atletas de élite y recibían su salario a través de donaciones de ciudadanos adinerados, quienes buscaban el prestigio que aportaba un campeón. Los atletas de familias acomodadas podían dedicarse al deporte sin preocuparse por el sustento; al terminar su carrera, muchos se retiraban con honores.

Los más modestos, cuando recibían apoyo municipal, a menudo se convertían en entrenadores, una profesión mejor remunerada y menos peligrosa que la de soldado.

Los campeones eran verdaderos héroes. Por ejemplo, Milón de Crotona, luchador del siglo VI a.C., ganó seis veces los Juegos Olímpicos y era famoso por su fuerza descomunal y su apetito voraz. Otro ejemplo es Sóstrato de Sicia, campeón de pankration, que vencía a sus rivales rompiéndoles los dedos, una táctica aceptada en aquel entonces.

Los escritos de autores como Loukianos (siglo II d.C.) describen a algunos atletas que recurrían a trucos sucios, como morder o interferir en la carrera del rival, mostrando que la polémica alrededor de la ética deportiva ya existía.

Ejemplo de estrategia en boxeo

El poeta Teócrito (siglo III a.C.) narra cómo el gigante Amico es derrotado por el ágil Polideuco, quien lo coloca de espaldas al sol y agota sus brazos hasta dejarlos indefensos, demostrando la importancia de la táctica aprendida en el gimnasio.

A partir del siglo III a.C., muchas ciudades organizaron sus propios juegos, ofreciendo premios en efectivo que llegaban a 30 000 dracmas, una suma astronómica comparada con el salario anual de un soldado romano (225‑300 dracmas). Los premios más habituales oscilaban entre 500 dracmas para el pentatlón y 3 000 dracmas para el pankration, consolidando el deporte como una verdadera profesión hasta el fin de la Antigüedad.

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