Una de las batallas más mortíferas y una de las mayores operaciones anfibias de la historia. Se libró en la isla de Iwo Jima, Japón, entre febrero y marzo de 1945, enfrentando a fuerzas estadounidenses y japonesas dentro del teatro del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial.
Iwo Jima, que significa “Isla del Azufre”, recibe su nombre por los depósitos de azufre de su volcán. Con apenas 21 km², pertenece al archipiélago de Ogasawara y está a 650 millas náuticas al sur de Tokio. Su rasgo más destacado es el monte Suribachi, de 166 m de altura.
Contexto estratégico
A principios de 1945 los Aliados dominaban el frente del Pacífico. Tras capturar las Islas Marshall y Mariana, los EE. UU. podían lanzar bombardeos estratégicos con B‑29 contra el interior japonés. Japón, agotado tras graves pérdidas navales y aéreas, decidió defender a toda costa las islas Ogasawara, pues su caída facilitaría los ataques aéreos, dañaría la producción bélica y minaría la moral del país.
Iwo Jima albergaba un radar de alerta temprana y dos pistas de aterrizaje que amenazaban a los bombarderos B‑29. El almirante Chester Nimitz propuso su captura como puente para la ofensiva de Okinawa; el general Douglas MacArthur prefería atacar Formosa (actual Taiwán).
Defensa japonesa
El mando de la isla quedó en manos del teniente general Tatamichi Kuribayashi, quien recibió la orden de resistir hasta el final. Aproximadamente 22 000 soldados y un intenso cañonero fueron desplegados en una red de cuevas y galerías subterráneas que protegían a la guarnición del fuego estadounidense.
El plan de Kuribayashi consistía en dejar que los invasores desembarcaran sin ser detectados y, a 500 m de la costa, abrir fuego de artillería mientras sus tropas defendían sus posiciones hasta la muerte.
La ofensiva estadounidense
El 19 de febrero de 1945, a las 02:00 h, comenzó la campaña con un bombardeo aéreo y naval incesante. A las 08:59 h, 30 000 marines iniciaron el desembarco bajo fuego japonés desde el monte Suribachi. El terreno de arena volcánica, plano y abierto, dificultó la cobertura. Ese mismo día llegaron otros 40 000 marines.
Al cuarto día, los marines aislaron el Suribachi y lo capturaron, izando la bandera estadounidense sobre un tubo metálico. La icónica fotografía de Joe Rosenthal, de la Associated Press, inmortalizó ese momento, aunque se dice que la escena se repitió varias veces antes de obtener la toma definitiva.
Aunque perdieron el Suribachi y su moral decayó, los japoneses continuaron luchando durante un mes más, infligiendo graves bajas a los estadounidenses. Las hostilidades cesaron la mañana del 26 de marzo de 1945, cuando solo quedaban unos pocos defensores.
De los 22 000 soldados japoneses, 20 703 murieron, incluido el general Kuribayashi, y 216 fueron capturados. Las fuerzas estadounidenses sufrieron 5 598 muertos, 494 desaparecidos y 19 189 heridos. Es la única batalla de la Segunda Guerra Mundial en la que los Aliados tuvieron más bajas (muertos y heridos) que el adversario japonés.
La captura de Iwo Jima marcó otro paso en la ofensiva estadounidense hacia el interior japonés, aunque muchos analistas cuestionaron la necesidad estratégica del alto costo humano. La isla permaneció bajo control estadounidense hasta 1968, cuando fue devuelta a Japón.
La Batalla de Iwo Jima en el cine
Clint Eastwood abordó el conflicto con dos películas en 2006: Flags of Our Fathers, desde la perspectiva estadounidense, y Letters from Iwo Jima, que muestra la visión japonesa.