Hace exactamente 72 años, en una Grecia devastada por la guerra civil y sumida en la conservadurismo, el joven compositor Manos Hadjidakis ofreció una conferencia que cambiaría la percepción del rebetiko. El 31 de enero de 1949, bajo el título oficial "Interpretación y posición de la canción popular moderna", Hadjidakis defendió este género, presentando en el Teatro de Arte a los legendarios Markos Vamvakaris y Sotiria Bellou, quienes interpretaron cinco canciones emblemáticas.
Una hora inesperada
El público, compuesto mayormente por la élite intelectual de Atenas, escuchó la actuación con una frialdad que el propio Hadjidakis describió como "una ejecución sin emoción, como si las palabras no tuvieran alma". A pesar de la hostilidad inicial, el compositor explicó que el rebetiko surgía en tabernas como "O Marios" y "Panagaki", donde cada noche Vamvakaris y Bellou perfeccionaban su arte bajo la luz de lámparas de aceite.
Según contó Hadjidakis, una noche se vio envuelto en una pelea en la taberna donde tocaba Vamvakaris. El músico intervino, salvándolo y, como agradecimiento, le ofreció un sitio junto a él. Esa experiencia dejó una huella profunda en el joven compositor.
Del recuerdo a la reivindicación
El vínculo de Hadjidakis con el rebetiko se fortaleció tras la muerte de su amigo, arrestado y torturado en el campo de concentración de Haidari. El compositor recordó: "Teníamos una cita en "Orfea", pero él no vino; había sido detenido y asesinado. Ese hecho me impulsó a estudiar el rebetiko a fondo".
En aquella época, el rebetiko estaba asociado a la marginalidad, a las drogas y a la censura del Estado, desde la dictadura de Metaxas hasta la persecución anticomunista. Sin embargo, Hadjidakis quiso romper ese estigma, mezclando en su discurso referencias a Beethoven, Bach y la música bizantina, elevando el rebetiko a una forma de arte auténticamente griega.
¿Enfermo? Cada otro...
Hadjidakis confrontó a los críticos que describían el rebetiko como "enfermo" o "vulgar". Argumentó que, en una sociedad represiva, el género expresaba una energía vital que la "espiritualidad sana" no podía contener. Señaló que el rebetiko no era solo música para beber y consumir drogas; era la voz de una población que buscaba escapar de la realidad y expresar un erotismo insatisfecho.
El compositor también denunció a los "moralistas" que, aunque aceptaban la canción popular, rechazaban el rebetiko por considerarlo poco decoroso. Para Hadjidakis, la canción popular refleja la intensidad de una época y una nación, y el rebetiko, con su carácter crudo, era una manifestación genuina de esa realidad.
La griegidad del rebetiko
Frente a acusaciones de origen oriental, Hadjidakis defendió la identidad griega del rebetiko. Señaló que sus instrumentos –el bouzouki (de origen turco) y el baglamas (variación de la lira cretense)– se habían integrado en la tradición municipal y bizantina. Destacó tres ritmos esenciales:
- Zeibekiko (9/8): derivado de danzas de las Cícladas y del Pontos, considerado el ritmo más básico del rebetiko.
- Rumba (4/4): con influencias europeas, a veces comparado con la Java francesa.
- Syrtaki (ritmo rápido): menos complejo técnicamente, pero fundamental para la energía del género.
Hadjidakis explicó que, aunque el rebetiko conserva elementos de la canción popular, su estilo es sobrio, sin explosiones ni nerviosismo, y posee una fuerza interior que recuerda a la tragedia clásica griega.
Reacciones y consecuencias
La conferencia provocó una oleada de críticas. Los periódicos atacaron la comparación de Hadjidakis entre Bach y Tsitsanis, y la madre del compositor recibió amenazas para que "cuidara a su hijo en Pagrati". Aun así, el propio Hadjidakis respondió con humor, recordando el apoyo que había recibido de figuras como Spyros Melas y Nikos Papadopoulos.
Testigos como el director de cine Robiros Manthoulis y el crítico Nikos Gkatsos describieron la atmósfera del Teatro de Arte: una sala llena, con el público sentado en el suelo, escuchando una música que hasta entonces era desconocida para la radio y perseguida por el régimen.
La actuación culminó con Vamvakaris, Bellou y sus acompañantes interpretando cinco piezas: "Frankosyriani" (Markos Vamvakaris), "Soy tu víctima" (Vamvakaris), "Detén a mi madre" (Sotiria Bellou), "Vamos a Baxe Tsifliki" (Vassilis Tsitsanis) y "Abre, abre" (Yiannis Papaioannou). Después, Hadjidakis cerró con una reflexión sobre la “tragedia del amor” y elogió la capacidad del rebetiko para tocar el corazón con una intensidad comparable a la de Bach.
"Cuidado en Pagrati..."
La polémica resonó durante años. La prensa acusó a Hadjidakis de sacrilegio al comparar a Tsitsanis con Bach, y su madre recibió amenazas de que vigilara a su hijo en el barrio de Pagrati. Aun así, el compositor mantuvo su postura, declarando en su última entrevista con Fotis Apergis y Giota Sykka que "solo los que realmente aman la canción popular pueden comprender la fuerza del rebetiko".
Décadas después, músicos como Mikis Theodorakis y Manos Loïzos continuaron la discusión sobre la comercialización del canto popular, pero el legado de la conferencia de 1949 quedó como un punto de inflexión: el rebetiko pasó de ser una música marginal a ser reconocido como parte esencial del patrimonio cultural griego.
Fuentes: Καθημερινή (Giota Sykka), Lifo (Fountas Trusas), Kozani TV (Nikos Dadinopoulos).
Escucha la entrevista completa de Manos Hadjidakis con Fotis Apergis y Giota Sykka (ERE, 2019).