Regreso a Grecia y la persecución del Estado
En junio de 1950, tras su retorno a Grecia para reorganizar el casi desmantelado aparato clandestino del KKE, Nikos Belogiannis se convirtió en el "favorito" de las autoridades judiciales. Estas dedicaron páginas de sus archivos al "comunista muy peligroso" y trataron de rastrear cada uno de sus movimientos, dentro de los límites de sus capacidades de la época.
Antecedentes y primeros años de militancia
Belogiannis ya era conocido por el aparato represivo. Su ficha estaba completa desde antes del 28 de octubre de 1940, fecha en la que el comunista nacido en 1915 en Amaliada acumuló cuatro condenas por actividad comunista durante la dictadura de Metaxas. La guerra greco‑italiana lo llevó, al igual que cientos de comunistas, a los penales de Akronaflia. En 1943 escapó del hospital Sotiria para unirse al ELAS.
El contexto de la Grecia de 1950
Tras la derrota de la Guerra Civil (1946‑1949), el KKE buscaba mantener viva la llama comunista mediante la reorganización de sus redes ilegales. Belogiannis, junto a Nikos Plombidis, fue considerado el candidato ideal para esta tarea. Con una sólida formación marxista y una profunda afición por la literatura, el comunista de 35 años había dedicado su vida a la emancipación social.
Intensificación de la persecución
Desde los primeros meses de su regreso, el Estado intensificó la vigilancia. El 16 de octubre de 1950, el Servicio de Inteligencia solicitó a la Sub‑Dirección de la Gendarmería de Amaliada cualquier información sobre el comunista buscado, incluso preguntando por su posible muerte, lo que evidencia la urgencia de localizarlo.
Belogiannis no circulaba bajo su nombre real. Utilizaba una identidad falsificada: "Georgios Hocholis de Evangelos y Alexandra, nacido en 1913 en Zelitsa Kalamon y residente en la calle Mavromichalis 47". Su expediente criminal, número 219502, enumeraba sus cuatro condenas prebélicas.
Arresto, juicio y ejecución
El 20 de diciembre de 1950 las autoridades lograron detener a Belogiannis. Al principio proporcionó datos falsos, pero el análisis de sus huellas dactilares reveló su verdadera identidad: "Nikos Belogiannis, hijo de Georgios, registrado bajo el número 219502". A partir de esa fecha pasó sus últimos días entre la cárcel y el juzgado.
El 30 de marzo de 1952 fue ejecutado junto a Dimitris Batsi, Ilias Argyriadis y Nikos Kaloumenos. Incluso después de su muerte, el aparato represivo continuó tratando al comunista como una amenaza.
El eco internacional del caso
El 7 de junio de 1952, el Servicio de Inteligencia informó que, en un cine de Haifa (Israel), el Partido Comunista local proyectó una película sobre el juicio de Belogiannis y sus compañeros.
El 20 de agosto de 1953, la Dirección de Seguridad del 1.º Cuerpo de Ejército registró que la Policía de Atenas había enviado un informe sobre simpatizantes comunistas entrenados en la Escuela de Espionaje del Telón de Acero, señalando que Belogiannis había asistido a una escuela en Bureli, Albania, y que había sido ejecutado como espía el 1/4/1952.
Legado y recuerdo
Los perpetradores de la época no imaginaron que el nombre del joven de Amaliada, que soñaba con cambiar el mundo, seguiría resonando setenta años después de su muerte. El sacrificio de Belogiannis y sus tres compañeros, así como el de Nikos Ploubidis, alimentó la memoria del movimiento comunista en las décadas posteriores.