Antecedentes
Tras la Reforma inglesa del siglo XVI, Inglaterra se convirtió en un país protestante, aunque siguió albergando una considerable comunidad católica que sufría discriminación. En 1603, Jacobo VI de Escocia ascendió al trono inglés como Jacobo I. Aunque protestante, mostró cierta simpatía hacia los católicos, lo que generó esperanzas de que aflojara las leyes represivas contra ellos.
El complot
Sin embargo, Jacobo I endureció las restricciones, lo que enfureció a muchos católicos y los llevó a conspirar contra el monarca. El plan fue liderado por Robert Catesby, un acaudalado terrateniente católico, quien reclutó a varios cómplices, entre ellos a Guy Fawkes, un soldado profesional.
El objetivo era detonar explosivos bajo la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes el 5 de noviembre de 1605, cuando el rey estuviera presente. Tras la explosión, los conspiradores esperaban iniciar una rebelión, derrocar al gobierno y colocar a un monarca católico en el trono.
Descubrimiento del complot
El 4 de noviembre de 1605, la noche anterior al atentado, se halló una carta anónima en la casa de uno de los conspiradores advirtiendo que se mantuviera alejado del Parlamento al día siguiente. La pista condujo a Catesby, quien fue arrestado. Bajo tortura, confesó su participación en la trama.
Ejecución de los conspiradores
Ocho de los involucrados fueron capturados, juzgados por traición y condenados a muerte. El 30 de enero de 1606 fueron ejecutados mediante ahorcamiento, descuartización y empalamiento, la forma típica de pena capital por traición en la época.
Legado
El complot de la pólvora marcó un punto de inflexión en la historia inglesa: reforzó la supremacía protestante y agravó la persecución de los católicos. Además, dio origen a la tradicional celebración de la Noche de Guy Fawkes cada 5 de noviembre, en la que se queman efigies del conspirador para recordar su fracaso.