Historia de Asia

La Misión Iwakura: la vuelta al mundo

Formación de la Misión Iwakura

En 1871 el recién constituido gobierno Meiji organizó una delegación encabezada por el príncipe Tomomi Iwakura. Entre sus miembros más destacados estaban Toshimichi Ōkubo, Takayoshi Kido y Hirobumi Itō. La misión estaba compuesta por 46 emisarios, 18 asistentes y 43 estudiantes internacionales, sumando un total de 107 personas.

Se designaron a personas influyentes de los antiguos clanes feudales como embajadores y vice‑embajadores, y se incluyeron ex‑baku‑shin con experiencia en asuntos internacionales. La edad promedio de los integrantes era de apenas 30 años, lo que la convertía en una delegación muy joven.

Objetivos de la expedición

El gobierno Meiji envió a tantos líderes con tres metas principales:

  • Estudiar la cultura y el desarrollo occidental
  • Visitar los países con los que Japón tenía tratados y presentar una carta oficial a sus jefes de Estado
  • Iniciar negociaciones preliminares para la revisión de los tratados desiguales firmados a finales del periodo Edo

Revisar esos tratados era considerado el asunto más urgente; por eso se dispuso a enviar a la élite del gobierno.

El primer destino fue Estados Unidos, con la intención de renegociar el tratado desigual. Sin embargo, la delegación no logró obtener la autorización diplomática necesaria porque se consideró que Japón aún no dominaba la etiqueta y los protocolos internacionales.

Ante esta dificultad, la misión abandonó temporalmente las negociaciones y se dedicó a recorrer Europa para observar de primera mano los sistemas y civilizaciones modernas.

El recorrido incluyó Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Al constatar el nivel de industrialización y organización de esas naciones, los delegados comprendieron que la modernización era indispensable para que Japón pudiera mantenerse al nivel de las potencias occidentales.

Los estudiantes internacionales, seleccionados entre hijos de samuráis y de familias de la élite, acompañaron al grupo y, al regresar, se convirtieron en líderes en diversos ámbitos del país.

Resultados de la inspección y su impacto

Los dos años de viaje alrededor del mundo dejaron una huella profunda en la política y la economía japonesas.

Influencias políticas

En Alemania, la delegación quedó impresionada por la figura del canciller Otto von Bismarck, a quien describieron como el “ministro de sangre de hierro”. Bismarck, Ōkubo e Itō coincidieron en que Japón necesitaba un gobierno central fuerte, capaz de resistir la presión de las potencias occidentales y preservar su independencia.

Al regresar en 1873, Ōkubo impulsó la creación del Ministerio del Interior, adoptando un estilo de gobierno más autoritario para acelerar la reforma.

Influencias económicas

En Londres, la visita a las fábricas de hierro y carbón reveló el alcance del capitalismo industrial. Inspirados por ese modelo, Ōkubo y sus colegas promovieron no solo la industria estatal, sino también el desarrollo del sector privado, sentando las bases del crecimiento económico de la era Meiji.

El hecho de que los máximos dirigentes pasaran dos años fuera del país fue inusual, pero el conocimiento adquirido facilitó la rápida modernización de Japón.

Consecuencias políticas internas

Sin embargo, la ausencia prolongada de figuras como Sanjō Sanetomi, Saigō Takamori, Itagaki Taisuke y Eto Shinpei generó tensiones dentro del gobierno. Surgieron discrepancias sobre la estrategia de modernización y sobre la política exterior, especialmente respecto a la posibilidad de enviar tropas a Corea para reforzar el poder nacional.

Estas diferencias desembocaron en la polémica conocida como el debate de Seikanron, que llevó a la retirada temporal de Ōkubo y a una serie de crisis políticas.