Un extraño día en Atenas
¿Alguna vez has sentido que todos te miran sin saber por qué? Esa fue mi sensación al estar en el centro de una calle ateniense: la gente señalaba, se reía y yo no entendía nada. No había nada raro en mi ropa –sandalias, túnica blanca impecable– hasta que descubrí que la máquina del tiempo me había puesto una corona de flores.
Al retirarla, apareció Friné, la famosa cortesana, cubierta por una fina gasa que sugería una silueta escultural. Sus ojos color miel, nariz aguileña, piel oliva y largos cabellos rubios la convertían en la modelo perfecta para una "Vitruvia Mujer".
El encuentro con Friné
—Supongo que eres Xavier, ¿verdad?
—Así es. ¿Y tú eres Friné, mi anfitriona?
Sin decir nada más, se acercó y me dio un beso en los labios, gesto que en la Grecia clásica se reservaba a la confianza más íntima.
-No sabía dónde encontrarte, pero cuando escuché que un extranjero caminaba con corona de flores, supe que eras tú.
-Sí, quité la corona al ver las miradas.
-Ahora, ¿te gustaría acompañarme a la casa de mi amigo donde tendremos el simposio?
El juicio de Friné
Durante el paseo, noté la mezcla de envidia y odio en los ojos de los hombres. Ignoré esas miradas y pregunté por su famoso juicio.
-Fue el precio que pagué por querer decidir mi propio destino, Javier.
-Aun así, Hyperides logró convencer al jurado, compuesto mayormente por ancianos y pobres que no habían visto un cuerpo femenino en años.
-En Atenas, cada año se eligen 6.000 ciudadanos mayores de 30 años mediante sorteo; son pagados con una mísera cantidad, por lo que sólo los indigentes se presentan. La defensa y la acusación la hacen la propia parte, de modo que la justicia depende del arte de la oratoria más que de la evidencia.
El banquete en casa de Praxíteles
Frené me presentó a los presentes: el escultor Praxíteles, el abogado Hyperides, el político Demóstenes y varios hetairas. Me sentí como el invitado inesperado en una cena de la élite ateniense.
-Este banquete será especial por tu presencia. Serviremos platos de la antigua Sybaris, famosos por su refinamiento y sus primeras leyes de derechos de autor.
Los esclavos circulaban con bandejas de pan, queso, aceitunas, lentejas, guisos de cerdo, pescado salado, mariscos, miel, higos y vino diluido. Todo se consumía con las manos y, a menudo, los restos volvían a la cocina.
El symposium
Tras la cena, Praxíteles, como symposiarch, organizó el ritual: se sirvieron seis cráteres de vino, la mezcla era 3 partes de agua por 5 de vino, y cada invitado bebía directamente del cráter.
La música comenzó: flautas, danzas de hetairas y juegos. En medio del bullicio, Friné me presentó al grupo de discusión política y al curioso deporte llamado phaininda, una especie de fútbol‑rugby donde se permite el contacto físico pero no los golpes.
-¿Qué es la phaininda?
-Es un juego en un campo dividido, dos equipos de 10‑12 jugadores que pasan la pelota con los pies o las manos y pueden derribar al portador, pero sin golpear.
Chistes y el cóctel "cótabo"
Los invitados alternaban copas y chistes del Philogelos. Cuando llegó el momento del "cótabo", un juego en el que se bebe dejando el último sorbo para lanzarlo a un recipiente y, al acertar, se nombra a la persona con la que se desea pasar la noche.
-¿Qué es el cótabo?
-Debes lanzar el último sorbo a un plato y decir el nombre de quien quieres acostarte con él. Si aciertas, esa será la pareja.
Yo lancé mi último sorbo y grité "Friné". Todos aclamaron mi suerte y, como acordamos, nos retiramos a una habitación privada.
Herramientas de las hetairas
Friné me mostró su "olisbos", un dildo de cuero usado para el auto‑placer, y un pequeño frasco de aceite de oliva para masajes. También llevó un ramito de silfio, planta de Cyrene utilizada como abortivo por sus propiedades estrogenicas.
La figura de Agnodice
Friné relató la historia de Agnodice, la primera mujer médica ateniense que se disfrazó de hombre para estudiar, fue juzgada y, tras una huelga sexual de sus esposas, logró que se modificaran las leyes para permitir a las mujeres ejercer la medicina.
El komos: la fiesta callejera
Al terminar el quinto cráter, Praxíteles anunció el komos, una procesión nocturna con música, vino y baile por las calles. Friné explicó que, a diferencia del symposium, el komos sí atrae la atención de la autoridad.
-El komos es la fiesta que llevamos a la calle. Llenaremos jarras con el vino sobrante y recorreremos Atenas cantando. Si alguien se queja, la polis intervendrá.
Así, bajo la luz de una supuesta alarma de agua inventada por Platón, nos lanzamos a las calles, donde la música se volvió satírica y los objetos empezaron a llover del cielo. La situación se salió de control y, como bien predijo Friné, decidí volver al presente.
Regreso al presente
Friné me besó y me recordó que, aunque nuestro encuentro fue fugaz, la libertad y la igualdad pueden demostrarse ante los hombres. Al volver, investigué el origen del komos y descubrí que sus cantantes nocturnos evolucionaron en la komoidía, de donde proviene la palabra "comedia". Las hetairas, sin el componente sexual, fueron sin duda las mujeres más libres de la antigüedad.