Un decreto extremo durante la sequía de 1883
Como decía Georg Lichtenberg: «Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto». ¿Y si quien manda pierde… su cabeza? Entonces, cualquier cosa puede suceder.
En 1883, la localidad de Castañas, en el estado de Chiapas, sufrió una sequía terrible. Ante la escasez de lluvias, el alcalde tomó una “brillante” idea y publicó el siguiente anuncio:
Considerando que el Creador Supremo no ha sido benevolente con este pueblo, pues durante todo el año anterior solo hubo una lluvia y este invierno no ha llovido, poniendo en riesgo la cosecha de castañas de la que dependen sus habitantes, decreto lo siguiente:
- Si en ocho días no llueve abundantemente, nadie podrá asistir a misa ni rezar.
- Si la sequía se prolonga ocho días más, se quemarán las capillas y se destruirán los misales y rosarios del pueblo.
- Si tampoco llueve la semana siguiente ni la siguiente, los frailes y monjas serán quemados y los hombres piadosos y santos recibirán golpes. Mientras tanto, se concede licencia para cometer todo tipo de pecados, para que el Creador Supremo sepa, de una vez por todas, con quién tendrá que lidiar en el futuro.

Supongo que los habitantes de Castañas mostraron más sensatez que su alcalde, pues no se reportó la quema de iglesias ni de sacerdotes… o tal vez, al fin, llegó la tan esperada lluvia.
Fuentes e imagen: New Spain, The Cupboard of Ideas, Learning from the past – José Manuel Pina Piquer