Historia de Europa

Los últimos charrúas: la infamia francesa

Lunes 25 de febrero de 1833 – Puerto de Montevideo

El barco abandona el viejo muelle de madera con la última carga de pasajeros y equipaje. Con el impulso de los remos cruza las aguas calmadas de la bahía hacia el buque francés de ladrillo Phaeton, anclado a poca distancia de la costa. Entre los viajeros se encuentra Françoise De Curel, exmilitar francés que había fundado un centro docente en Montevideo. Entre su equipaje viajan cuatro charrúas: el cacique Vaimaca Perú, el chamán Senaqué, el joven guerrero Tacuabé y su esposa Guyunusa, embarazada de pocos meses.

Contexto histórico

Casi dos años antes, los cuatro habían llegado a Montevideo como prisioneros tras la masacre de Salsipuedes. De Curel negoció con el presidente de la joven república, el general Fructuoso Rivera, para que los entregara y los llevara a Francia bajo el pretexto de una investigación científica, cuando en realidad buscaba exhibirlos como curiosidades.

Martes 7 de mayo de 1833 – Puerto de Saint‑Malo, Francia

Después de casi setenta días de travesía, el Phaeton llega a su destino. Los cuatro "especímenes" aparecen en el muelle, demacrados y asustados, mientras su "propietario" francés organiza su traslado a París. Allí se imprimen folletos que anuncian la llegada de "…cuatro individuos que ofrecen modelos vivos de construcción física y carácter moral… representan el verdadero tipo de la tercera raza de hombres, la raza cobrizada". De Curel alquila una casa en el 19 de la Rue Chaussé d’Antin y abre al público la "exposición" el 19 de junio, de 15:00 a 18:00, con una entrada de 5 francos, que después reduce a 2 francos por la escasa asistencia.

Viernes 12 de julio de 1833 – París

Tras casi un mes de exhibición como "objetos curiosos" traídos de la América salvaje, los charrúas son sometidos a un experimento de la Academia de Ciencias Morales. Músicos del Conservatorio de París ofrecen un concierto frente a los cuatro exiliados para que los académicos estudien su reacción. Sorprendentemente, los dos mayores, Senaqué y Vaimaca, muestran una sensibilidad notable a los instrumentos de viento.

Otras investigaciones son menos delicadas. Un estudio que tomó sus medidas físicas concluyó que los cráneos de los nativos tenían dimensiones similares a las de muchos criminales guillotinados en Francia. "Método científico", lo llamaron.

Domingo 22 de julio de 1833 – París

Senaqué, el más anciano y chamán del clan, pasa los últimos días recluido en un rincón, lamentándose en su castellano rústico: "¡Pobre Senaqué!". Sin alimento suficiente y debilitado, los académicos del Museo de Historia Natural lo internan en un sanatorio usando fondos destinados al "tratamiento de animales raros". Muere el 26 de julio, apenas cinco meses después de ser arrancado de su tierra. El museo se apropia de su cuerpo: le extraen órganos para estudios, algunos se embalsaman, y su piel se convierte en una "moulage" de tamaño real con cabello europeo y bigotes falsos, catalogada como N‑673. Ni el maniquí ni sus órganos embalsamados llegaron jamás a exhibirse; hoy no queda rastro de ellos.

Los últimos charrúas: la infamia francesa

Moulage de Senaqué

Viernes 13 de septiembre de 1833 – París

El cacique Vaimaca Perú sobrevive apenas un mes y medio más y muere en condiciones similares a las de su compañero. Tras su fallecimiento se realiza un molde de yeso de su cráneo y, a partir de él, un busto de gran fidelidad. Su piel se utiliza para estudios extremadamente detallados, como la determinación del número de glándulas sebáceas y folículos pilosos. El cráneo se trepan y se corta para examinar el cerebro; su esqueleto se conserva y más tarde se presta al Museo del Hombre de París.

Los últimos charrúas: la infamia francesa

Vaimaca

Viernes 20 de septiembre de 1833 – París

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Ante una multitud de curiosos y médicos, Guyunusa, asistida por Tacuabé, da a luz a su hija, probablemente llamada Micaela. El parto, realizado en cuclillas como era habitual entre muchos pueblos indígenas, transcurre sin incidentes. Los espectadores quedan asombrados al escuchar el llanto del recién nacido, que describen como "idéntico al de nuestros niños". La opinión pública, inicialmente curiosa, se vuelve indignada al conocer los malos tratos y la muerte de los charrúas. Las protestas obligan a De Curel a huir de París bajo denuncia policial.

El destino de los charrúas

De Curel lleva a los sobrevivientes a su ciudad natal, Lyon, y los vende a un empresario circense que los incorpora a su espectáculo. Cambia el nombre de Tacuabé a Jean Soulasol, "el Hércules de los Hércules".

Martes 22 de julio de 1834 – Lyon

Guyunusa muere de tuberculosis en el Hospital Hôtel‑Dieu de Lyon. Antes de fallecer, le hacen un molde de cabeza en yeso, más vívido que el de Vaimaca. Su cuerpo es enterrado en una fosa común. Tacuabé logra escapar del circo con su hija de diez meses; su rastro se pierde. Existen dos versiones sobre su destino: una sugiere que ambos contrajeron tuberculosis y murieron poco después; la otra, más romántica, plantea que Tacuabé, hábil domador de caballos, vivió en la zona rural francesa con su hija.

Los últimos charrúas: la infamia francesa

Guyunusa

Legado y memoria

En 1950, un periódico de Lyon publicó un pequeño artículo que afirmaba que una familia local alegaba descendencia charrúa. Hoy aún existe en la ciudad una calle llamada Camino del Indio, y la leyenda popular sostiene que recibió ese nombre porque un indígena fue visto caminando por ella, cargando a una niña en brazos.

Continúa… La repatriación del último charrúa (en colaboración con Pablo Petrides)