Introducción
En la actualidad la compañía petrolera saudí Aramco ha acaparado los titulares al protagonizar la mayor Oferta Pública Inicial (OPI) de la historia, recaudando 23.300 millones de euros y convirtiéndose en la empresa con mayor capitalización bursátil del mundo, con más de 1,5 billones de euros. Sin embargo, a mi modo de ver, los negocios más lucrativos que ha realizado Estados Unidos fueron la compra de Luisiana y de Alaska en el siglo XIX.
La compra de Luisiana
En 1803, Estados Unidos y Napoleón Bonaparte firmaron el Tratado de Luisiana, mediante el cual Washington pagó 15 millones de dólares de la época (aproximadamente 240 millones de dólares actuales) por un territorio de 2 200 000 km², casi cuatro veces el tamaño de la Península Ibérica.
Esta vasta llanura fértil, atravesada de norte a sur por el río Mississippi y sus afluentes Missouri y Ohio, se convirtió en el corazón agrícola y ganadero del futuro país y, más adelante, en la ruta que facilitó la expansión hacia el Pacífico y el legendario “Lejano Oeste”.
Tras la derrota francesa en la Guerra de los Siete Años, el territorio pasó a manos españolas. En 1800, mediante el Tratado secreto de San Ildefonso, Napoleón recuperó la soberanía, pero al no poder defender una zona tan escasa de población decidió venderla a Estados Unidos. Thomas Jefferson, entonces presidente, envió a sus emisarios con la intención de comprar solo Nueva Orleans; sin embargo, el primer cónsul francés ofreció toda Luisiana por 18 millones de dólares. Después de regatear, el precio final fue de 15 millones.
Los opositores en el Congreso temían el gasto, pero Jefferson y sus negociadores vieron la oportunidad de duplicar el territorio sin derramar sangre, una visión que cambió para siempre la historia americana.
La compra de Alaska
El 30 de marzo de 1867, el gobierno estadounidense pagó 7,2 millones de dólares (cerca de 100 millones de dólares actuales) al Imperio ruso por Alaska, una inmensa región de 1,5 millones de km² que entonces parecía estéril.
El secretario de Estado William Seward defendió la adquisición frente a una prensa escéptica que preguntaba: “¿Por qué América necesita ese congelador y 50 000 esquimales bebiendo aceite de pescado?”.
Al poco tiempo estalló la fiebre del oro y, a mediados del siglo XX, compañías petroleras descubrieron enormes yacimientos en el norte, convirtiendo a Alaska en una de las mayores fuentes de recursos naturales y un enclave estratégico.
Rusia vendió Alaska por razones económicas y estratégicas. Desde 1799, la Compañía Ruso‑Americana, bajo el empresario Aleksandr Baranov, había monopolizado el comercio de carbón, hielo, marfil de morsa y pieles. Con el tiempo, la gestión pasó a manos militares y luego burocráticas, agotando los recursos y disminuyendo la rentabilidad. La guerra de Crimea (1853‑1856) paralizó el comercio marítimo, lo que motivó al zar Alejandro II a buscar un comprador fiable: los Estados Unidos.
Conclusión
Si bien la OPI de Aramco marcó un récord financiero, la compra de Luisiana y Alaska resultó ser una inversión estratégica que transformó la economía y la geopolítica de Estados Unidos, generando beneficios que perduran hasta hoy.