Cuando Enrique VII, primer monarca de la dinastía Tudor, invadió Inglaterra en 1485 y derrocó a Ricardo III tras la batalla de Bosworth, lo hizo como representante de la Casa de Lancaster, una de las dos ramas de los Plantagenet que se disputaban el trono en las Guerras de las Rosas. Su reclamación al trono provenía de su madre, Margarita Beaufort, cuyo apellido pertenecía a una de las familias más influyentes de la nobleza inglesa.
Origen de la familia Beaufort
El linaje se remonta al príncipe inglés Juan de Gante, hijo del rey Eduardo III y duque de Lancaster. En 1359 contrajo matrimonio con Blanca de Lancaster, y de esa unión nació Enrique IV, quien se proclamó rey en 1399. Juan de Gante contrajo, sin embargo, una relación con Katherine Swynford, con quien tuvo cuatro hijos (Juan, Enrique, Tomás y Juana) durante la década de 1370. Al nacer fuera del matrimonio, esos hijos fueron considerados ilegítimos y, por tanto, incapaces de heredar títulos ni propiedades.
Legitimación papal y parlamentaria
Tras la muerte de la esposa legítima de Juan (Constanza de Castilla) en 1394, el príncipe decidió reconocer a Katherine Swynford como su esposa y se casó con ella en Lincoln el 13 de enero de 1396. Para que sus hijos pudieran participar en la vida pública y eclesiástica, Juan solicitó su legitimación tanto al Papa como al Parlamento inglés. El Papa concedió el reconocimiento en septiembre de 1396 y, en enero de 1397, el Parlamento aprobó una ley que declaraba a los hijos de Juan y Katherine como descendientes legítimos, con derecho a «todos los honores, dignidades, propiedades y cargos, ya sean perpetuos o temporales, nobles o feudales».
La exclusión de la dignidad real (1407)
En 1407, Juan Beaufort, entonces conde de Somerset, pidió al Parlamento que ratificara la legitimación de su familia. El Parlamento aceptó, pero añadió una frase crucial: los Beaufort tenían derecho a «todos los honores y dignidades, excepto la dignidad real». Esa cláusula pretendía excluir a la familia de la sucesión al trono, aunque no está claro por qué se introdujo. Algunos historiadores sugieren motivos políticos internos, mientras que otros piensan que fue una medida preventiva para evitar que los Beaufort, ya cercanos en la línea sucesoria tras la usurpación de Enrique IV, reclamaran el derecho al trono.
¿Fue legal la exclusión?
Según el historiador Nathan Amin, la modificación de 1407 no siguió el procedimiento parlamentario adecuado: la ley de 1397 ya había sido ratificada, y cualquier alteración debía ser aprobada por el Parlamento mediante derogación o una nueva legislación. Como la exclusión de 1407 no pasó por ese proceso, Amin argumenta que no tiene validez legal y que, en teoría, la legislación de 1397 seguiría reconociendo a los Beaufort como herederos de cualquier dignidad, incluida la real. De ser así, los descendientes de los Beaufort —entre ellos Enrique Tudor, hijo de Margarita Beaufort— tendrían un derecho legítimo al trono.
Otros argumentos contra el derecho de los Tudor
Aunque la cuestión de la exclusión legal sea relevante, la mayor parte de los cuestionamientos al reinado de Enrique VII provienen de otros factores:
- Su ascenso al trono se produjo mediante la victoria militar en Bosworth y la posterior proclamación parlamentaria, lo que algunos interpretan como una usurpación.
- Margarita Beaufort no era la única ni la primera representante de la casa de Lancaster; por ejemplo, en 1470 el último rey lancasterino, Enrique VI, había designado a Jorge de Clarence, cuyo hijo vivió hasta 1485.
Conclusión
En resumen, la legitimación de los Beaufort fue completa en 1397, pero una cláusula añadida en 1407 —posiblemente sin la debida ratificación parlamentaria— los excluyó de la sucesión real. Si esa exclusión carece de validez jurídica, los Tudor podrían haber reclamado el trono con fundamento legal. No obstante, la historia muestra que los retos a su autoridad se basaron más en la forma de su ascenso y en la compleja red de pretensiones dinásticas que en la supuesta ilegitimidad de la línea Beaufort.