Alemania
Represión brutal: El régimen nazi se sustentó en una represión violenta que suprimía cualquier forma de resistencia, sembrando terror entre la población ocupada.
Explotación de recursos y mano de obra: Se apropió de los recursos naturales y obligó a la población a trabajos forzados, confiscó propiedades y cargó con pesados gravámenes económicos.
Discriminación racial: La ideología nazi consideraba a los “arios” superiores, lo que provocó la persecución sistemática de judíos, gitanos y otras minorías.
Gobiernos títeres y colaboradores: En varios territorios se establecieron administraciones fantoche y se reclutaron élites locales para facilitar el control sin necesidad de una ocupación directa.
Japón
Control militar: Se instauraron gobiernos militares con ley marcial, restringiendo severamente las libertades civiles.
Asimilación cultural: La política de “japonización” buscó imponer el idioma y los valores japoneses, suprimiendo las identidades locales.
Explotación económica: Se extrajeron materias primas y mano de obra de los territorios ocupados para alimentar el esfuerzo bélico.
Trato brutal a la población civil: Se cometieron masacres, torturas y trabajos forzados; el sistema de “mujeres de consuelo” sometió a mujeres a esclavitud sexual.
Gobiernos colaboracionistas: Se instalaron administraciones dependientes y se cooptó a élites locales para mantener el dominio con mínima presencia japonesa.
Aunque los detalles variaron según la región, ambas potencias impusieron regímenes opresivos, explotadores y violentos que dejaron secuelas de trauma y resentimiento.