En The Persian Boy, segunda parte de la trilogía que Mary Renault dedica a Alejandro Magno, la autora recrea un diálogo entre el rey macedonio y su eunuco Bagoas, figura histórica que sirvió en la corte de Darío III y que Renault convierte en narrador en primera persona. El intercambio dice así:
Como ya hemos visto, Alejandro le confía a Bagoas, su eunuco muy querido –aunque los testimonios varían, como muestra Quintus Curcio‑Cato‑Fronto– la historia de los tirannicidas Aristogitón y Harmodio, un relato donde amor, valentía, erotismo y ciudadanía se entrelazan y que la democracia ateniense celebra como ejemplo de heroísmo. Pero, ¿por qué los llaman "tirannicidas" (del latín tyrannus, «gobernante ilegítimo», y el sufijo -cid, «que mata»), si eran amantes?
Contexto ateniense
Nos situamos en Atenas a finales del siglo VI a.C., bajo la tiranía de Pisístrato, quien tomó el poder aprovechando la crisis política que siguió a la muerte del legislador Solón. En la Grecia antigua la palabra «tiranía» no llevaba todavía la carga peyorativa que tiene hoy; los tiranos habían sido habituales desde el siglo VII a.C. (por ejemplo, Trasibulo de Mileto, Polícrates de Samos, Fídon de Argos o el infame Falaris de Agrigento).
Herodoto describe a Pisístrato como un gobernante que, aunque propietario de la ciudad, mantuvo las magistraturas existentes y mejoró la infraestructura ateniense (Hist., I, 59, 6). Tras su muerte, el poder pasó a su hijo Hipias, asistido por su hermano Hiparco; ambos son conocidos como los Pisistrátidas.
Aristogitón y Harmodio
Harmodio era un joven noble ateniense; su amado Aristogitón provenía de la clase media. Según Herodoto, pertenecían a la familia Gefirea (V, 55) y fueron inmortalizados con dos estatuas de bronce en la Agora, símbolo de su valor.
Existen dos versiones sobre el motivo del asesinato de Hiparco. La primera, basada en Tucídides, vincula el episodio al festival panatenaico, la única celebración en la que los participantes podían portar armas. Hiparco habría impedido que la hermana de Harmodio, designada como canephora, participara en la procesión del año 514 a.C., alegando que no era virgen. Ofendido, Harmodio, con la ayuda de Aristogitón, decidió asesinar al tirano.
La segunda versión, también de Tucídides, relata que Hiparco intentó seducir a Harmodio. Al ser rechazado, el tirano tomó venganza excluyendo a la hermana de Harmodio del desfile, lo que supuso una vergüenza familiar.
El asesinato
El día señalado, los hermanos descubrieron que Hiparco estaba solo, cerca del Leocorio, sin escolta. Aprovecharon la ocasión y lo apuñalaron mortalmente. Harmodio cayó muerto al instante; Aristogitón logró huir brevemente, pero fue capturado, torturado y ejecutado. Hipias, el otro tirano, continuó su gobierno durante cuatro años más hasta ser derrocado en 511 a.C. tras la intervención espartana liderada por Cleómenes I y el apoyo de los Alcmeóni.
Los tirannicidas no trajeron la democracia de inmediato; sin embargo, su gesto se convirtió en leyenda. Según Tucídides (VI, 59) y la Constitución de los Atenienses de Aristóteles, la tiranía no se había vuelto más opresiva hasta después de su muerte. La fama de los dos amantes quedó inmortalizada por el escultor ateniense Antenor, quien erigió sus estatuas como símbolos de la libertad.
El viaje de ida y vuelta
Durante la Segunda Guerra Médica, los persas saquearon Atenas y llevaron las estatuas a la corte de Jerjes en Susa. Alejandro Magno, tras la victoria en Queroné y la posterior negociación con los atenienses, ordenó su devolución. Según Arriano (Anábasis III, 16), Alejandro devolvió los bronces a la Agora, donde siguen expuestos hoy en el Cerámico de Atenas.
Así, la historia de Aristogitón y Harmodio completa un círculo: de la lucha contra la tiranía en Atenas, al saqueo persa, y finalmente al regreso de sus monumentos gracias a Alejandro, quien nunca volvió a Grecia después de esa campaña.
Bibliografía
- Domínguez Monedero, A. J. (1991). The polis and the Greek colonial expansion (8th‑6th centuries). Ed. Síntesis. Madrid.
- Renault, M. (2011). The Persian Boy. Trilogía Alejandro Magno II. (1972). Traducción de María Antonia Menini. Ed. Edhasa. Barcelona.
Fuentes primarias
- Aristóteles. Constitución de los Atenienses. Introducción, traducción y notas de Manuela García Valdés. Ed. Gredos, 1984.
- Arriano. Anábasis de Alejandro Magno. Libro III. Introducción de Antonio Bravo García; traducción y notas de Antonio Guzmán Guerra. Ed. Gredos, 1982.
- Herodoto. Historias. Libros I‑V. Traducción y notas de Carlos Schrader. Ed. Gredos, 1982.
- Plutarco. Vidas paralelas. Libro VI. Introducciones, traducciones y notas de Jorge Bergúa Cavero, Salvador Bueno Morillo y Juan Manuel Guzmán Hermida. Ed. Gredos, 2007.
- Tucídides. Historia de la guerra del Peloponeso. Libro VI. Traducción y notas de Juan José Torres Esbarranch. Ed. Gredos, 1982.