Historia antigua

Cómo Pisístrato engañó a los atenienses dos veces para convertirse en tirano

Introducción

A lo largo de la historia han existido hombres que persiguieron el poder con una tenacidad extraordinaria. Uno de los primeros ejemplos documentados es el tirano de Atenas, Pisístrato (607‑527 a.C.), quien no se detuvo hasta alcanzar sus objetivos, logrando tres intentos de tomar el poder.

Primer ascenso al poder

Hijo del filósofo Hipócrates, Pisístrato destacó desde joven en el campo de batalla, comandando el ejército ateniense como polemarco en la guerra contra Megara alrededor del 570 a.C. Sus victorias, como la captura del puerto de Nisa y la recuperación de Salamina, pusieron fin al bloqueo comercial que había provocado escasez de alimentos durante décadas.

Cómo Pisístrato engañó a los atenienses dos veces para convertirse en tirano

Con la partida de Solón, la política ateniense quedó dividida en tres facciones: los terratenientes de las llanuras, defensores de una oligarquía liderada por Licurgo; los comerciantes costeros, encabezados por el alcmeonida Megácles, que querían preservar las reformas de Solón; y los más pobres, habitantes de las montañas que producían lana y miel, que apoyaron a Pisístrato prometiéndoles reformas radicales.

Consciente de que carecía de suficiente apoyo político, Pisístrato urdió una treta. Según Heródoto, alrededor del 561 a.C. se dejó herir —o se autolesionó — por algunos de sus seguidores. Sangrante, apareció en la Agora y pidió una guardia personal. La asamblea, alarmada, le concedió 50 hombres armados.

Ese pequeño contingente lo utilizó para tomar la Acrópolis, proclamarse tirano y acabar con el dominio aristocrático. Sin embargo, su primer gobierno duró poco: en 555 a.C. Licurgo y Megácles se aliaron, lo expulsaron y lo enviaron al exilio durante entre tres y seis años.

El engaño de la diosa Atenea

Al regresar, Pisístrato ideó un nuevo engaño. En 550 a.C. ingresó a la ciudad en un carro dorado acompañado por una figura que, según la leyenda, era la diosa Atenea. En realidad, la “diosa” era una joven de montaña llamada Fía de Paiania, vestida con casco, lanza y armadura de hoplita, y con un aspecto que encarnaba el ideal de belleza y fuerza atribuido a Atenea.

Cómo Pisístrato engañó a los atenienses dos veces para convertirse en tirano

Los atenienses, maravillados por la aparición, volvieron a reconocer a Pisístrato como tirano. Megácles, sin confiar ya en Licurgo, le ofreció una alianza a cambio de casarse con su hija. Así, el tirano volvió al poder, aunque esta vez, según Aristóteles, gobernó de forma moderada y casi constitucional.

Nuevo exilio y preparación para la revancha

El rechazo de Pisístrato a engendrar un heredero con la hija de Megácles provocó su segunda destitución. En 549 a.C. fue nuevamente exiliado, esta vez confiscándole todos sus bienes. Durante casi una década de exilio acumuló una considerable fortuna explotando una mina de plata en Tracia, forjó alianzas con ciudades como Argos y formó un gran ejército junto a sus hijos, Hipias y Hiparco.

Cómo Pisístrato engañó a los atenienses dos veces para convertirse en tirano

El último y más duradero gobierno

En 539 a.C. regresó a la región con sus aliados y derrotó a las fuerzas de Megácles y Licurgo cerca de Maratón, en el santuario de Atenea en Palene. Con esa victoria indiscutible, Pisístrato se instaló como tirano definitivo. Su gobierno se caracterizó por la moderación y la benevolencia: construyó edificios, mercados, acueductos y monumentos; impulsó la cultura, la marina y el ejército; confiscó tierras a sus enemigos para repartirlas entre sus seguidores más pobres; y nombró a familiares y amigos en cargos públicos.

Al morir en 527 a.C., dejó el poder a sus hijos Hipias y Hiparco, cuyo gobierno sí se tornó tiránico.

El fin de la dinastía pisístrata

Hipias fue depuesto por los espartanos en 510 a.C., a instancias de los alcmeonidas, marcando el inicio de la etapa democrática de Atenas. Exiliado, buscó refugio en la corte del rey persa Darío I y, años después, participó en la batalla de Maratón luchando del lado persa.