Historia antigua

Sicarii: la secta que provocó la rebelión general contra Roma en Judea

Origen del término

La RAE define sicario como «asesino a sueldo», uso que hoy tiene en muchos contextos. Sin embargo, la palabra proviene del latín sicarius (plural sicarii), que alude a una daga o espada corta llamada sica. Este arma era utilizada por un grupo de fanáticos judíos del siglo I d.C. que atacaban a legionarios romanos y a sus simpatizantes.

La sica y los gladiadores

Contrario a lo que sugiere su nombre, la sica no era un arma de origen hebreo sino centroeuropea. Se usó desde la fase final de la Edad del Bronce por tracios, dacios e ilirios; los hallazgos provienen de Serbia, Rumanía, Bosnia, Bulgaria y Albania. En relieves como los de la Columna de Trajano se ve a Decebalus suicidarse con una sica.

Con una hoja curva de 30 a 40 cm, la sica era una versión pequeña del falx dacio y estaba diseñada para herir alrededor del borde del escudo enemigo. Por eso la utilizaban los gladiadores thraex (tracios), equipados con grebas, casco con rejilla facial y un pequeño escudo llamado parmula, inspirado en la parma de los velites.

Los sicarii

Con el tiempo, la sica quedó asociada a los sicarii, un grupo de asesinos judíos. Su arma era una versión aún más pequeña, fácil de ocultar entre la ropa. Eran nacionalistas fanáticos que asesinaban a representantes romanos o a judíos que no compartían su causa. Aprovechaban las multitudes, sobre todo en fiestas, para acercarse a sus víctimas, apuñalarlas y escapar entre el caos.

Esta práctica llevó a que la palabra sicario se extendiera a criminales en general, como lo refleja la Lex Cornelia de Sicariis et Veneficiis, promulgada por Sila mucho antes de los hechos que describimos a continuación.

La Gran Revuelta judía (66‑73 d.C.)

Entre 66 y 73 d.C. estalló la Primera Guerra Judeo‑Romana. La tensión se remontaba a la transformación de Judea en provincia y al reinado del idumeo Herodes el Grande, cuya figura, temida y odiada, sólo agravó el descontento. Tras su muerte, los movimientos revolucionarios se consolidaron en los zelotes, un grupo nacionalista‑teocrático que abogaba por la insurrección.

Curiosamente, el evangelio de Lucas menciona a Simón el Zelote como uno de los doce apóstoles, aunque algunos historiadores consideran que se trata de una traducción imprecisa, ya que el movimiento zelote surgió unas tres décadas después.

Las causas del levantamiento fueron múltiples: movimientos mesiánicos, una población campesina empobrecida y endeudada, impuestos excesivos y la proliferación de bandas de bandoleros. Todo ello creó una verdadera "bomba de tiempo", según el historiador Neil Faulkner.

El conflicto se intensificó cuando el procurador romano se apoderó de parte del tesoro del Templo. La población se rebeló, impulsada por el discurso incendiario de Eleazar ben Ananías, hijo del sumo sacerdote. El rey Agripa II tuvo que huir y las legiones, bajo el mando de Gayo Cestio Galio, marcharon sobre Jerusalén.

Tácticas y crímenes de los sicarii

Los sicarii, integrados al sector más fanático de los zelotes, se destacaron por su violencia indiscriminada, que hoy calificaríamos como terrorismo. Atacaron la aldea de Ein Gedi, asesinando a 700 personas, sin excluir a mujeres y niños.

Según Flavio Josefo, el principal historiador de la época, los sicarii secuestraban a notables para intercambiarlos por prisioneros y, aunque a veces cumplían sus promesas, su conducta era extremadamente brutal. Dos líderes sobresalieron: Menahem ben Yehuda, famoso por sus emboscadas contra legiones romanas, y Eleazar ben Ya’ir, quien, tras la caída de Jerusalén, se refugió en Masada y resistió el asedio romano durante siete meses antes de suicidarse junto a sus seguidores.

Flavio Josefo y la crónica del conflicto

Flavio Josefo, fariseo que fue nombrado comandante de Galilea por el Sanedrín, escribió La Guerra de los Judíos, una obra de siete volúmenes que constituye la fuente principal para conocer estos acontecimientos. Tras ser capturado, Vespasiano lo liberó, le profetizó el futuro emperador y lo incorporó como cronista romano bajo el nombre de Tito Flavio Josefo.

Josefo describe a los zelotes y sicarii como simples bandoleros, atribuyéndoles atrocidades destinadas a incitar a la población contra Roma. Aunque su relato busca objetividad, está influenciado por su posición y su posterior romanización.

Legado

Los sicarii desaparecieron tras la derrota de Masada, pero su figura ha perdurado como símbolo de resistencia extremista. Su uso del terror y la falta de apoyo popular contrastan con otros movimientos judíos de la época, que buscaban una convivencia más equilibrada con el poder romano.