Al final del extenso valle de Valnerina, cerca del pueblo de Marmore, en la Umbría italiana, se alza una impresionante caída de 165 m dividida en tres saltos, una de las más altas de Europa.
Origen y propósito romano
En el año 271 a.C., bajo la República Romana, se creó la cascada artificial para resolver un grave problema de inundaciones y enfermedades en la zona de Rieti. El río Velino, procedente del lago Piediluco, desembocaba en una cuenca pantanosa conocida como lago Velino, que inundaba las tierras de los agricultores sabinos.
El cónsul Mario Curio Dentato ordenó la construcción del Cavo Curiano, un canal que desviaba las aguas hacia la caída natural de Marmore y, de allí, al río Nera, afluente del Tíber, conectando así dos cuencas hidrográficas.

Conflictos posteriores
El nuevo caudal provocó inundaciones en la ciudad de Terni (antigua Interamna), originando una disputa que duró más de dos siglos y que llegó al Senado romano. En 54 a.C. los representantes de Rieti contrataron a Marco Tulio Cicerón, mientras que Terni eligió a Quinto Hortensio Hórtalo, rival de Cicerón en los tribunales.

El veredicto final es desconocido, pero la cascada siguió funcionando, manteniendo el problema para Terni.
Renovaciones a lo largo de la historia
En el siglo I d.C., bajo el reinado de Tiberio, el tema seguía sin resolverse, según Tacito. Tras la caída del Imperio occidental, el canal quedó sin mantenimiento y el pantano reapareció en Rieti. En 1422 se construyó un nuevo canal, el Cavo Gregoriano o Cavo Reatino, bajo el papa Gregorio XII.

En 1589 el papa Clemente VIII añadió una presa para regular el caudal, pero las inundaciones persistieron. Finalmente, en 1700, el papa Pío VI encargó al arquitecto Andrea Vici una intervención definitiva: se realizó un corte diagonal en el segundo salto, creando una caída lateral que aumentó la superficie de la caída y redujo la fuerza del impacto.
Uso moderno y visita
Desde 1896 Terni aprovecha la energía hidráulica de la cascada. El caudal se regula, por lo que el espectáculo máximo solo se muestra en horarios específicos (de 12:00 a 13:00 y de 16:00 a 17:00), con acceso pago y dos miradores: uno a nivel del suelo y otro en la parte superior, los mismos que observaron Plinio, Cicerón, Leonardo da Vinci, Galileo o Lord Byron.
Por la noche, la caída se ilumina con un sistema de LEDs, ofreciendo una vista aún más espectacular. La Cascada de Marmore es, sin duda, uno de los paisajes más bellos de Italia.