La captura de la biblioteca de Aristóteles
Cuando el general romano Sila tomó Atenas el 1 de marzo de 86 a.C., encontró a Apelicon escondido entre los restos de la biblioteca de Aristóteles, que había adquirido en muy mal estado y estaba intentando restaurar. Los soldados reportaron al general, que ordenó cargar los manuscritos en un barco para llevarlos a su villa en Roma.
La colección contenía obras propias de Aristóteles y, según algunas fuentes, textos de filósofos tan célebres como Tales de Mileto, Pitágoras, Heráclito y, por supuesto, de su maestro Platón.

La guerra contra Mitrídates VI y la política de tierra quemada
Sila había sido enviado para frenar la expansión del rey Mitrídates VI de Ponto, quien había instalado a Aristión como tirano de Atenas durante la Primera Guerra Mitridática. Aristión aplicó una política de “tierra quemada” para resistir el asedio romano.
Para obtener madera suficiente para sus máquinas de asedio, Sila ordenó talar todos los árboles en un radio de 150 km, incluyendo los bosques sagrados. Atenas y gran parte de Ática fueron devastadas.
La destrucción de la Academia de Platón
Entre los árboles talados estaban los centenarios que rodeaban la Academia de Platón, fundada tres siglos antes en los jardines de Academus, a un kilómetro al noroeste del Ágora y cercana a la puerta Dipylon. Allí, bajo su sombra, filósofos de la Antigüedad discutían y enseñaban.

La Academia quedó arrasada y no volvería a fundarse hasta 410 d.C., para cerrar definitivamente bajo el mandato de Justiniano en 529 d.C.
Otros saqueos y destrucciones
Según Plutarco, Sila también arrasó el Liceo de Aristóteles, situado al este de la Acrópolis, y confiscó oro y plata de templos y santuarios de toda Grecia, fundiendo monedas de alta calidad que circularon durante siglos.

Testimonios de la época
Pausanias, en su «Descripción de Grecia», menciona el Odeón de Pericles al pie de la Acrópolis. Otros autores afirman que fue el propio Aristión quien incendió el edificio para impedir que Sila reutilizara la madera.

Legado y anécdota
La imagen de Sila como destructor de la cultura fue matizada por autores como Cicerón o Estrabón, que suelen omitir los relatos de Plutarco. Sin embargo, una frase atribuida al retórico Claudio Eliano se mantuvo como un chiste popular: «¿Qué tienen en común un delfín y un buey? —Nada. ¿Y Sila y los filósofos? —Nada también».