Hace algún tiempo publicamos un artículo sobre Isabel de Barreto, la primera almirante española. Sin embargo, ya existía un precedente que, además de ser reina, comandó directamente un escuadrón: Artemisia I, soberana de Caria y de Halicarnaso, quien lideró los cinco barcos que su satrapía aportó a la flota persa de Jerjes I en las batallas de Artemisio y Salamina.

Artemisia en la cultura popular
La película 300: El origen de un imperio (2014) revivió su figura, con Eva Green interpretando a una Artemisia combativa. Pero no fue la primera en aparecer en el cine: en 1962 la británica Anne Wakefield interpretó a Artemisia en El león de Esparta, película que inspiró al propio Frank Miller para su cómic.
Reconocimientos de la Antigüedad
Historiadores como Polieno y el romano Justin elogiaron su astucia y valor en un mundo bélico dominado por hombres. Polieno relató un audaz estratagema para tomar Heraclea, aunque el episodio corresponde a Artemisia II, constructora del famoso mausoleo de Halicarnaso. Heródoto, su compatriota, también destacó la influencia que ejercía sobre Jerjes I.
Sin embargo, no todos la veían con buenos ojos. El médico Tesalo, hijo de Hipócrates, la acusó de intentar destruir la isla de Cos por resistirse a la autoridad persa, aunque luego la isla fue reconquistada. Para muchos, Artemisia era una traidora: griega de padre caro y madre cretense.

Orígenes y contexto
Halicarnaso, ciudad de origen helénico situada en la costa suroeste de Caria (Asia Menor), fue incorporada al Imperio aqueménida por Harpago, bajo el mandato de Ciro II, después de la derrota de Creso en 545 a.C. Los persas concedieron cierta autonomía a los Carios, pero tras la rebelión jónica la ciudad pasó a ser una satrapía. El padre de Artemisia, Ligdamos I, fue satrapa entre 520 y 484 a.C., fundando una dinastía tiránica.
Artemisia asumió el poder tras la muerte de su padre, al no existir un heredero varón. El origen de su nombre es incierto; podría ser de raíz frigia o persa (arta, art = grande o sagrado) o estar vinculado a la diosa Artemisa, lo que sugiere una etimología prehelénica relacionada con la virginidad, la caza o la arquería.
La campaña persa contra Grecia
Artemisia participó en la Segunda Guerra Médica, cuando Jer Jerjes I lanzó la invasión de Grecia continental. Tras la muerte del general Darío, Jerjes continuó la campaña, cruzando el Helesponto con pontones y tallando un canal en el monte Atos para evitar el desvío de su flota.
El estratega ateniense Temístocles, anticipándose a la importancia naval del conflicto, impulsó la construcción de una flota de más de doscientos trirremes bajo su mando.

Batalla de Salamina
El enfrentamiento naval tuvo lugar frente a la costa de Eubea y se extendió durante tres días. Tras una primera jornada de sorpresivos ataques persas, una tormenta obligó a posponer la contienda. En la segunda, los persas repararon sus barcos mientras los griegos recibían refuerzos atenienses.
En la tercera y decisiva jornada, Temístocles atrincheró su flota en el estrecho de Salamina, obligando a los persas a entrar en un espacio reducido donde su superioridad numérica resultó inútil. Artemisia, una de los pocos comandantes que se atrevió a aconsejar a Jerjes que no entrara en la bahía, fue ignorada.
Según Heródoto, Jerjes apreciaba el consejo de Artemisia y la consideraba una mujer de gran mérito, aunque la derrota persa fue inevitable. Las fuentes antiguas estiman que la flota persa contaba con 1.207 barcos (cifras modernas la reducen a poco más de la mitad) frente a menos de 400 griegos. Artemisia comandó cinco de los setenta trirremes aportados por Caria (Halicarnaso, Calinda, Cos y Nisyros), descritos como los mejores después de los de Sidón.

El episodio del capitán ateniense
Durante la confusión, Artemisia intentó escapar de un barco ateniense comandado por Ameinias, quien buscaba la recompensa de diez mil dracmas por capturarla viva. Algunas versiones afirman que Artemisia sustituyó sus banderas persas por griegas y atacó al navío de Calinda. Jerjes, al observar la escena desde el Monte Egaleo, exclamó: «Mis hombres se han convertido en mujeres y mis mujeres en hombres».
Heródoto relata que Artemisia entregó al capitán ateniense una rueda de hilar como símbolo de su victoria sobre los oficiales masculinos. Además, rescató el cuerpo del hermano de Jerjes, Ariamenes, y lo entregó para su funeral, ganándose la gratitud del rey.

Legado y muerte
Jerjes nombró a Artemisia guardiana de algunos hijos ilegítimos en Éfeso, según Heródoto. Sin embargo, la historia de su muerte está envuelta en leyenda. Fotio el Grande, patriarca de Constantinopla, recopiló una tradición que la presenta enamorada de Dardano, un hombre de Abido. Al ser rechazada, Artemisia se habría cegado a sí misma y, siguiendo un oráculo, se arrojó al acantilado de Leucas, suicidándose.
Esta versión parece una mezcla con la tragedia de Safo, por lo que la verdadera causa de su fallecimiento sigue siendo desconocida.
Artemisia I dejó una huella imborrable: su nombre ha sido usado para barcos de la armada iraní y su figura aparece en numerosas obras artísticas y culturales.