Contexto de la República de Weimar
Tras la Primera Guerra Mundial, Alemania quedó bajo un régimen democrático conocido como la República de Weimar. El nombre se popularizó después, cuando la Asamblea Nacional Constituyente se instaló en la ciudad de Weimar, aunque formalmente el país seguía llamándose Imperio Alemán. Como otras democracias de la época, la república sufrió una grave inestabilidad política, con constantes intentos de golpe de derecha y revueltas revolucionarias de izquierda, agravados por la Gran Depresión de 1929.
El conflicto terminó con el Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919 por más de cincuenta naciones. Alemania aceptó la responsabilidad del conflicto, pagó una indemnización que no se completó hasta 2010, cedió territorios, adoptó medidas democratizadoras en política y trabajo, y se sometió al desarme nacional, reduciendo su ejército a 100 000 hombres mal equipados y prohibiendo la industria armamentista.
Los Freikorps y la proliferación de grupos paramilitares
Muchos veteranos regresaron a la vida civil con dificultades y se incorporaron a los tradicionales Freikorps, unidades irregulares de voluntarios nacionalistas, antisemitas y conservadores, que se dedicaban a planear golpes y combatir a los comunistas.
Los Freikorps no fueron una excepción; la República de Weimar se caracterizó por la proliferación de grupos paramilitares, algunos vinculados a partidos y otros independientes. En general, gozaban de protección oficial como brazo armado del Estado para contener el marxismo, especialmente después del levantamiento espartaquista de enero de 1919.
Los comunistas, a su vez, formaron sus propias organizaciones, como los Räterepubliken, y los enfrentamientos callejeros se volvieron habituales. Ante esta violencia, el gobierno creó en 1919 la SIPO (Sicherheitspolizei), que generó protestas pero perduró y se convirtió en la base de la policía actual de uniformes verdes.
Después de 1920, la autoridad intentó disolver los grupos paramilitares, pero los más radicales siguieron activos y participaron en el Putsch de Múnich. Algunas formaciones como el Stahlhelm, el Kampfbund y la Sturmabteilung (SA) se integraron al nazismo, mientras que la Rotfrontkämpferbund y el Rote Ruhrarmee se alinearon con el comunismo. Incluso tendencias centristas, como el Reichsbanner Schwarz‑Rot‑Gold, contaron con sus propias milicias.
El Frente de Hierro (Eiserne Front)
El grupo más singular fue el Eiserne Front o Frente de Hierro. Nació a finales de 1931 por iniciativa del SPD en colaboración con la confederación sindical ADGB, el Reichsbanner Schwarz‑Rot‑Gold y los clubes deportivos obreros. Su objetivo era contrarrestar la Harzburger Front, una coalición de derecha que incluía al Stahlhelm, al DNVP y al NSDAP de Adolf Hitler.
El Frente de Hierro organizó manifestaciones masivas y enfrentó a los fascistas en las calles, aunque el SPD no siempre aprobó su tono radical. El movimiento atrajo sobre todo a la juventud más combativa y adoptó un discurso marcadamente revolucionario.
El símbolo de tres flechas
El distintivo del Frente de Hierro, creado por el biólogo y sociólogo ruso Sergei Stepanovich Tschachotin, consistía en un círculo negro con tres flechas blancas apuntando hacia la izquierda inferior. Se le llamó Círculo Antifascista porque representaba la lucha contra los tres grandes peligros para la socialdemocracia:
- Los reaccionarios, que querían restaurar la monarquía de los Hohenzollern.
- Los fascistas, encarnados en el Partido Nazi.
- Los comunistas, cuyo movimiento había cobrado fuerza tras la insurrección espartaquista de 1919 y otros intentos revolucionarios.
Otras interpretaciones sugieren que las flechas simbolizaban a los tres componentes del Frente (SPD, sindicatos y Reichsbanner) o los ámbitos político, económico y social de la clase obrera. También se ha señalado que su forma permite cubrir la cruz gamada nazi.
Declive y legado
El Frente de Hierro desapareció rápidamente tras la toma del poder por parte de Hitler en enero de 1933. El nuevo régimen prohibió todos los grupos paramilitares excepto los propios del Partido Nazi.
El símbolo de las tres flechas resurgió en 1989, no en Alemania, sino en Estados Unidos, donde fue adoptado por la YPSL (Young People's Socialist League) hasta su disolución en 2010.