Introducción
Durante mucho tiempo se consideró que la guerra era, esencialmente, un asunto de hombres; las mujeres sólo participaban como auxiliares (cocineras, enfermeras, etc.) y rara vez empuñaban armas. En el siglo XX, sin embargo, la participación femenina cobró una gran efervescencia. Después de la experiencia de la milicia femenina en la Guerra Civil española, el Ejército Rojo abrió sus filas a las mujeres durante la Segunda Guerra Mundial.
Primeros años y entrada al Ejército
Aleksandra Grigoryevna Samusenko nació en 1922 en la ciudad siberiana de Chitá. Algunos relatos apócrifos la sitúan en la Guerra Civil española, pero los historiadores coinciden en que esa anécdota es inviable: su novio, Mindlin, tenía apenas catorce años en esa época.
Se cree que su primera experiencia bélica pudo haber sido en la Guerra de Invierno (1939‑1940) contra Finlandia, aunque lo cierto es que su carrera militar despegó con la invasión alemana de la URSS en 1941. Alistada en un regimiento de infantería, envió una carta al Soviet Supremo solicitando ingresar a la Academia de Tanques, argumentando su conocimiento mecánico.
Rompiendo barreras
Samusenko fue una de las pioneras que precedieron a la famosa Mariya Oktyabrskaya, la primera conductora de tanque de combate (mayo‑1943). A lo largo de la guerra, varias mujeres llegaron a comandar tanques: Ludmila Kalínina alcanzó el rango de coronel, mientras que Yevguenia Kostrikova e Irina Levchenko comandaron compañías completas.
Acciones destacadas
Asignada a la 1ª Armada de Tanques Guardia, reorganizada por Mikhail Katukov en enero de 1943, Aleksandra participó en la Operación Urano, que rodeó a la 6ª Armada de Paulus en Stalingrado. En el verano de 1943 tomó parte en la Batalla de Kursk, la mayor confrontación de tanques de la historia. Al mando de su T‑34, derribó tres tanques Tiger I, acción que le valió la Orden de la Estrella Roja.
Más adelante, sustituyó al comandante de su batallón cuando éste cayó en una emboscada, logrando rescatar a su unidad. Ese mismo año fue ascendida a mayor, convirtiéndose en la primera mujer comandante de tanque de la URSS, y recibió la Orden de la Guerra Patriótica, Primera Clase. Su historial incluye la ofensiva de Léopolis‑Sandomierz (julio 1944) y la toma de Berlín en abril de 1945, formando parte de las tropas de ocupación en Dresde.
Vida personal
En su vida privada, Aleksandra mantuvo una relación con Mindlin, quien la animó a abandonar el tabaco y el alcohol. En enero de 1945, mientras cruzaba Polonia, conoció al sargento estadounidense Joseph Beyrle, de la 101ª División Aerotransportada, que había escapado del campo Stalag III‑C. Beyrle obtuvo permiso para integrarse a su unidad, convirtiéndose en el único soldado estadounidense que combatió bajo el mando del Ejército Rojo.
Muerte trágica
El 3 de marzo de 1945, durante la ofensiva en Pomerania, Aleksandra murió de forma accidental al ser arrollada por su propio tanque en la noche, en la localidad alemana de Zülzefitz (hoy Suliszewice, Polonia). Sus restos descansan en la ciudad polaca de Lobez, cerca del monumento dedicado al Kaiser Wilhelm I.