Historia antigua

La segunda guerra persa

Contexto y motivaciones persas

Tras la derrota de Maratón, los monarcas persas vieron una oportunidad para acabar con Atenas. La expedición de 480 a.C. no fue sólo una revancha personal de Jerjes, sino una campaña planificada para castigar a los griegos que habían apoyado a los exiliados y a su cuñado Mardonio.

Antes de lanzar la invasión, Jerjes tuvo que someter brutalmente a Egipto y Babilonia. Desde 484/483 a.C. diseñó una estrategia que incluía:

  • Incitar a Cartago a atacar a los griegos en Sicilia e Italia, desviando así posibles apoyos.
  • Formar alianzas con ciudades y pueblos de la Grecia continental, como Locridia, Boeotia y Tebas, práctica conocida como «medismo».

El proyecto de invasión terrestre

Mardonio, primo de Jerjes, propuso retomar la invasión terrestre iniciada en 492 a.C., cruzando Tracia y la costa macedónica. Para ello se necesitaba un gran ejército de infantería y caballería, respaldado por una flota que garantizara el suministro y evitara ataques enemigos.

Se construyó un canal de 2,4 km en el istmo de Ácete para evitar las tormentas del norte‑este, y se levantaron puentes de barcos en el Helesponto (360 y 314 naves). Los almacenes principales se establecieron en Dorisco, Eión, Therma, Leukè Ácete y Tyrodiza.

Dimensiones de las fuerzas

Los números clásicos de Heródoto (500 000 marineros, 1,7 millones de infantería y 80 000 de caballería) son exagerados. Las estimaciones modernas varían entre 75 000 y 300 000 persas, con 20 000‑60 000 caballeros y unas 1 200 trirremes aportadas mayormente por fenicios, egipcios e íonos.

Los griegos contaban con entre 7 000 y 35 000 hoplitas, apoyados por 40 000 auxiliares, y una flota de 350‑380 trirremes, lo que representaba unos 70 000‑75 000 hombres.

Reacción y preparación griegas

Tras Maratón, Atenas subestimó la amenaza persa. La política interna se polarizó entre demócratas (liderados por Pericles) y aristócratas (representados por Aristides). En este contexto emergió Temístocles, quien impulsó la construcción de una flota permanente en el puerto del Pireo, financiada con los ingresos de las minas de plata de Laurio.

En 480 a.C. Atenas ya disponía de unas 200 trirremes listas para zarpar.

El Congreso de Corinto y la defensa de Grecia

En el otoño de 481 a.C. se reunió el Congreso de Corinto, donde 31 ciudades firmaron una liga defensiva bajo el liderazgo de Leónidas I (infantería) y Euribíades (flota). Se eligió la estrecha garganta de las Termópilas como posición defensiva terrestre y Artemisio, al norte de Eubea, como base naval.

Tormentas y maniobras navales

Una feroz tormenta destruyó alrededor de 400 barcos persas en el cabo Sepias, limitando la capacidad de Jerjes para coordinar su flota con el ejército. Los persas intentaron rodear Eubea con 200 naves y 40 000 hombres, pero fueron aniquilados por otra tormenta.

Batalla de las Termópilas

Leonidas y sus 300 espartanos, junto a 700 tebanos y thespios, defendieron heroicamente la garganta. Tras la traición de Efialtes, que reveló un paso de montaña, los griegos fueron rodeados y masacrados, convirtiéndose en símbolo de sacrificio.

Saqueo de Atenas

Jerjes avanzó hacia Ática. Atenas, sin murallas, evacuó a la mayor parte de su población a Egina, Troezen y Salamina. Un pequeño contingente defendió la Acrópolis, pero fue aniquilado y la ciudad quedó saqueada.

La estrategia de Temístocles y la Batalla de Salamina

Temístocles convenció a los aliados de combatir en la estrecha bahía de Salamina, donde la superioridad numérica persa se vería neutralizada. Engañó a Jerjes con un mensaje falsificado que sugería una retirada griega, provocando que parte de la flota persa se dispersara.

Los griegos disponían de unas 350‑380 trirremes, mientras que la flota persa contaba probablemente entre 500 y 600 naves tras las pérdidas por tormentas. La batalla se desarrolló en dos estrechos canales entre Salamina y la isla de Psittalia.

Los persas, desorganizados y atrapados en el estrecho, fueron superados por la maniobra de choque de los atenienses. La pérdida persa incluyó al medio hermano de Jerjes, Ariabignes, asesinado por una jabalina.

Consecuencias de Salamina

Jerjes, tras la derrota, abandonó la campaña y regresó a Susa y Persépolis, dejando a Mardonio al mando de una gran fuerza que se retiró al invierno en Tesalia. Los griegos, aunque sorprendidos, no lograron capitalizar inmediatamente la victoria por la escasez de barcos.

Batalla de Platea y fin de la guerra

En 479 a.C. la coalición griega, bajo el mando de Pausanias, enfrentó a Mardonio en Platea. Tras maniobras y errores persas, los griegos obtuvieron una victoria decisiva; Mardonio murió en combate.

La victoria se consolidó con la derrota naval en Cabo Mýcale, donde la flota persa restante fue destruida. Estas batallas marcaron el fin de la Segunda Guerra Persa, aunque la Paz de Calias no se firmó oficialmente hasta 449 a.C.

Legado

Los atenienses utilizaron estas victorias para legitimar su hegemonía en el mundo helénico. Salamina se convirtió en un símbolo de la supremacía naval griega y de la capacidad de Grecia para lograr un "milagro" cultural y político que duraría casi un siglo.

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