Historia antigua

El cónsul Flaminio da la señal de batalla

El cónsul Flaminio da la señal de batalla

Después de presenciar la muerte de numerosos hombres y mulas en condiciones espantosas, Aníbal, al abandonar los pantanos, acampa en el primer terreno seco disponible. Los exploradores le informan que el ejército romano se halla bajo las murallas de Arretium.

El cónsul Flaminio, orgulloso de su primer consulado, no teme ni a la autoridad del Senado, ni a los dioses. Su confianza, alimentada por éxitos previos, le lleva a actuar con precipitación y sin consultar a nadie.

Ante la amenaza cartaginesa, que saquea el territorio etrusco entre Faesulae y Arretium, Flaminio recibe el consejo de sus colegas: esperar a su compañero, unir los ejércitos y contener al enemigo con la caballería y auxiliares ligeros. El cónsul rechaza la recomendación, exclamando que es mejor permanecer bajo las murallas de Arretium y que Aníbal, si logra escapar, destruirá toda Italia antes de llegar a Roma.

En medio de su arenga, ordena que se levanten los estandartes y se dispone a montar a caballo. Sin embargo, el animal se resbala y el cónsul cae al suelo, lo que provoca temor entre sus oficiales, que lo interpretan como un mal presagio.

Flaminio, irritado, responde al mensajero del Senado: «¿Queréis impedir mi marcha con una carta? Id y decidles que tomen una piqueta si el miedo les paraliza las manos». A pesar del mal augurio, la legión parte, impulsada por la audacia de su líder y la esperanza de una victoria rápida.