Historia antigua

La cuestión italiana: la intervención de Napoleón III

Antecedentes y motivaciones

El ataque de Orsini del 14 de enero de 1858 no fue lo que influyó en Napoleón III respecto a la unificación italiana. Lo que realmente le dio la autoridad necesaria fue la victoria de sus ejércitos en la Guerra de Crimea, sumada a su pasado como carbonario. Con esa credibilidad, el emperador francés se propuso apoyar una causa que le era cercana.

Alianzas estratégicas

Napoleón III selló una alianza con el Reino de Cerdeña‑Piamonte, la potencia que lideraba el proceso de reunificación. En enero de 1859, su primo se casó con Clotilde, hija del rey de Cerdeña. Meses antes, en julio de 1858, se firmó en Plombières un acuerdo secreto con el primer ministro Cavour. La simpatía de la mayor parte de Europa estaba del lado de Italia; Rusia, bajo Alejandro II, apoyó la iniciativa por la generosidad del emperador más que por la fuerza militar, y el Reino Unido, como potencia liberal, aplaudió la medida. En Francia, sin embargo, los círculos empresariales y algunos sectores cristianos mostraron reticencia.

El conflicto con Austria

Cuando Austria declaró la guerra a Cerdeña en mayo de 1859, Francia intervino. Napoleón III tomó el mando del ejército y obtuvo victorias decisivas en Magenta (4 de junio) y Solferino (24 de junio), aunque a un alto costo en vidas. El temor a una posible alianza austro‑prusiana detuvo al emperador, que en julio de 1859 firmó el Tratado de Villafranca, manteniendo la presencia austríaca en Italia.

Consecuencias y compensaciones

Los italianos, frustrados por no haber completado la reunificación, protestaron. Según el acuerdo de Plombières, Francia recibió el condado de Niza y la región de Saboya, territorios que fueron incorporados después de un plebiscito celebrado en abril de 1860.


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