Introducción
La pandemia de gripe de 1918, popularmente llamada gripe española, fue provocada por una cepa extremadamente virulenta y contagiosa del virus H1N1. Se extendió de 1918 a 1919 y cobró entre 20 y 40 millones de vidas según el Institut Pasteur, aunque algunas reevaluaciones modernas llegan a 100 millones. Es la pandemia más mortal registrada en un periodo tan corto, superando incluso la mortalidad estimada de la Peste Negra.
Origen del nombre
Se le denomina "gripe española" porque España, país neutro en la Primera Guerra Mundial, no censuró la información sanitaria. Mientras los periódicos de los países beligerantes ocultaban sus cifras para no debilitar la moral y el esfuerzo bélico, la prensa española informó libremente sobre el brote. Así, el resto del mundo tomó el nombre de "gripe española" a partir de los reportes españoles.
Propagación y alcance global
Según hipótesis controvertidas, el virus pudo haber surgido en China en 1918, pasando de aves a cerdos y luego a humanos, o directamente de aves a personas. Llegó rápidamente a Estados Unidos, donde mutó y aumentó su letalidad (aproximadamente 3 % de los infectados fallecían, frente a menos de 0,1 % en otras influenzas). Desde allí se difundió por Europa y, a través de colonias y rutas de transporte, alcanzó todos los continentes.
En Francia se estiman 408 000 fallecidos, aunque la censura de guerra redujo la difusión de la noticia. En menos de tres meses se registraron focos simultáneos en varios continentes y, en apenas siete días, el virus se propagó de costa a costa en EE. UU. La enfermedad se manifestó en dos o tres olas, estrechamente relacionadas con los movimientos de tropas y el transporte marítimo y ferroviario.
Impacto médico y características del virus
La gripe afectó mayoritariamente a adultos jóvenes, un grupo habitualmente más resistente a la influenza. La explicación más aceptada es que su sistema inmunitario reaccionó de forma exagerada, desencadenando una tormenta de citocinas que provocó daño multiorgánico. La mortalidad se debió principalmente a una superinfección bacteriana y a neumonía viral.
Se estima que el 50 % de la población mundial (alrededor de 1 mil millones de personas) se infectó, con un consenso de 30 millones de fallecimientos. El periodo de incubación era de 2‑3 días, seguido de 3‑5 días de síntomas (fiebre, debilidad). Sin antibióticos –descubiertos una década después–, las complicaciones bacterianas resultaban a menudo fatales.
Características genéticas
El virus, identificado como H1N1, ha sido reconstruido a partir de tejidos congelados de indígenas inuit y cuerpos noruegos conservados en permafrost. Se distinguen dos fases:
- Virus progenitor: una cepa menos virulenta que circuló en China durante el invierno 1917‑1918.
- Virus de la gripe española (H1N1): una mutación altamente virulenta que causó dos oleadas mortales, de septiembre a diciembre de 1918 y de febrero a mayo de 1919.
Consecuencias y legado
La pandemia subrayó la naturaleza global de las amenazas epidémicas y la necesidad de sistemas internacionales de vigilancia y de higiene. Este reconocimiento impulsó la creación, dentro de la Sociedad de Naciones, de un Comité Internacional de Salud que más tarde se transformó en la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El recuerdo de la gripe española también motivó estudios modernos para recuperar cepas viables y diseñar vacunas más eficaces. La OMS, basándose en ciclos de aparición de pandemias de influenza (aproximadamente cada 39 años), había pronosticado una nueva pandemia grave entre 2010 y 2015.
Víctimas destacadas
- Guillaume Apollinaire, poeta francés
- Edmond Rostand, dramaturgo francés
- Egon Schiele, pintor austríaco
- Rodrigues Alves, presidente de Brasil
- Joe Hall, jugador de hockey sobre hielo inglés
En resumen, la pandemia de 1918‑1919, con alrededor de 30 millones de muertos, constituye una de las mayores crisis sanitarias de la era moderna, comparable en escala a la peste negra y al VIH/SIDA.