Historia antigua

Mandíbulas rotas

Las cicatrices en los rostros de los soldados

Durante la Primera Guerra Mundial, llamábamos "mandíbulas rotas" a los soldados cuyo rostro quedó marcado por metralla, a punto de perder la vida… pero no del todo. La gravedad de esas heridas era inédita, pues era la primera guerra de trincheras y el armamento era distinto al de los conflictos anteriores.

Salíamos de un siglo de avances y pretendíamos ir aún más lejos. La Belle Époque anunciaba un futuro brillante, pero los descubrimientos científicos se emplearon para matar con mayor eficacia. Los gases tóxicos y las máquinas de guerra dieron una nueva dimensión al combate; los tanques parecían indestructibles, mientras la infantería quedaba extremadamente vulnerable.

La intervención de la medicina

Tras horas de agonía y, si acaso, una suerte que aún llamamos suerte, los soldados heridos eran entregados al servicio de la Cruz Roja. Para algunos, esas heridas resultaron mortales incluso después de haber sido atendidos.

Para los que sobrevivieron, la medicina intentó devolverles un rostro. Sin embargo, la violencia de las explosiones hacía que a veces se perdiera una parte completa de la cara, imposible de reconstruir con la técnica de la época.

Un recuerdo doloroso que perdura

Estos rostros desfigurados se convirtieron en la viva memoria del horror bélico para quienes los contemplaban. La sociedad, en duelo por la pérdida de esposos, hijos o padres, buscó ocultarlos al público.

La magnitud de esas heridas indelebles recordaba la brutalidad del conflicto. A diferencia de otras lesiones cotidianas, las "mandíbulas rotas" simbolizaban la Gran Guerra que todos desearíamos haber evitado.

La vida después de Verdún

La posguerra resultó tan dura para estos jóvenes como el propio conflicto. Al perder su identidad, les resultaba imposible retomar la vida anterior. La mayoría quedó sin empleo, sin prometidas y con la moral devastada.

Incluso quienes no fueron asesinados por la guerra perdieron, en esencia, su existencia.

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