Historia antigua

Mortero: evolución, tipos y aplicaciones

El mortero es un arma de fuego que dispara a gran ángulo (más de 45°) para realizar fuego indirecto. Su trayectoria curva permite alcanzar objetivos situados detrás de obstáculos, algo que una pieza de artillería de tiro directo no puede hacer. El impulso del retroceso se absorbe directamente en el suelo o en la plataforma reforzada del vehículo. El cañón es corto y liso, sin estriado, y la mayoría de los modelos se cargan por el cañón, con la munición que se dispara al impactar contra un percutor fijo. Los calibres mayores y los cañones más largos han llevado a adoptar la carga por la parte trasera y, por tanto, mecanismos de percusión. Existe también una variante poco usada, el mortero de espiga, donde el proyectil envuelve al lanzador y actúa como una simple varilla guía.

Morteros de asedio

Originados en el siglo XVII para superar fortificaciones durante los asedios, los morteros permitían lanzar proyectiles de forma curva sobre murallas gruesas que la artillería de tiro directo no podía penetrar. Estos proyectiles, de cuerpo hueco lleno de pólvora e impulsados por una pequeña carga, requerían una doble ignición peligrosa y cálculos precisos de trayectoria, por lo que su manejo estaba reservado a especialistas. Su gran calibre y la ausencia de ruedas los hacía poco móviles, limitándolos a los asedios. Con el tiempo, surgió el obús como pieza intermedia entre cañón y mortero.

Al final del siglo XIX, la aparición de fortificaciones de hormigón obligó al desarrollo de morteros de asedio aún más potentes, capaces de disparar munición perforante para destruir los techos de casamatas. Estos sistemas se perfeccionaron hasta la Segunda Guerra Mundial, destacando el mortero autopropulsado alemán "Karl" de 600 mm, que desapareció al final del conflicto por la falta de objetivos adecuados.

Mortero de infantería

El mortero moderno nació en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, cuando la infantería necesitaba una arma capaz de alcanzar al enemigo en la trinchera opuesta. En 1915, Sir Wilfred Stokes diseñó el primer mortero de trincheras, conocido por los soldados franceses como "crapouillot". Su trayectoria curva facilitó el ataque a trincheras enemigas, superando a la artillería convencional que requería distancias mayores.

Tras la guerra, el mortero se refinó y se volvió desmontable y transportable por pequeñas escuadras. La empresa Brandt estableció el estándar con los modelos de 81 mm y 60 mm de la década de 1920. El mortero de 81 mm se compone de tres partes (base, tubo y bipode) que pueden ser llevadas por un solo hombre. La munición tiene una aleta estabilizadora y una carga propulsora fijada en la base; basta con dejarla caer en el tubo para que el percutor la encienda. No posee piezas móviles complejas, lo que permite a un tirador entrenado disparar entre 20 y 25 proyectiles por minuto. El alcance se regula inclinando el tubo con una manivela y añadiendo o quitando carga. El diseño fue adoptado y adaptado por la mayoría de las naciones; la URSS, por ejemplo, empleó un calibre de 82 mm compatible con munición de 81 mm, aceptando una ligera pérdida de precisión.

Mortero pesado

Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1938, se introdujo un modelo de 120 mm destinado al nivel regimental. Ante la escasez de artillería convencional, la Unión Soviética asignó los morteros a artilleros sin cañones, creando regimientos y brigadas de morteros que compensaban la falta de obuses. En 1943 se lanzó un mortero de 160 mm y, tras la guerra, uno de 240 mm cuya proyectil de 100 kg superaba la potencia destructiva de un obús de 155 mm. Aunque su alcance era limitado, su bajo costo y gran efecto lo hicieron ideal para preparar el terreno antes de asaltos. Pesaba alrededor de 600 kg y podía disparar entre 600 m y 12 km.

Morteros autopropulsados

La necesidad de acompañar a unidades mecanizadas llevó a montar morteros en vehículos. Las primeras soluciones consistieron en colocar morteros de infantería en camiones, transportes semi‑acoplados o tanques con cavidades en la torreta. El modelo más imponente fue el Sturmtiger, basado en el chasis del Panzer VI Tiger.

Posteriormente surgieron morteros verdaderamente autopropulsados, integrados en el vehículo y operables únicamente desde él. Israel reutilizó tubos pesados soviéticos en chasis como el del M4 Sherman, mientras la Unión Soviética desarrolló los modelos 2S4 y 2S9. Un ejemplo moderno es el sistema finlandés‑sueco AMOS, que dispara dos cañones con municiones guiadas por infrarrojos para atacar tanques desde arriba.

Uso naval

Durante la Segunda Guerra Mundial se emplearon morteros contra submarinos. En lugar de lanzar cargas de profundidad desde la popa, lo que obligaba al buque a perder contacto sonar, se diseñaron morteros que proyectaban las cargas hacia adelante. El primer sistema fue el "Hedgehog" británico, un mortero de espiga. Más tarde, los sistemas convencionales Squid y Limbo emplearon morteros de tubo. La URSS copió el Hedgehog en 1949 con el MBU‑200 y, en 1956, lo mejoró a MBU‑600, con alcance de 600 m.

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