Contexto de una paz frágil
La supuesta paz tras el tratado de 1360 resultó efímera. Los retrasos en la entrega de los territorios a Inglaterra permitieron a Eduardo III retomar sus pretensiones dinásticas, mientras que Juan el Bueno, al no ratificar sus renuncias, mantuvo implícitamente sus derechos sobre las provincias perdidas. Además, el rescate de Juan II no se pagó a tiempo.
Eduardo III tenía como garantía a seis príncipes del fleur‑de‑lys, entre ellos el duque de Anjou, que escapó en septiembre de 1363. Juan el Bueno, creyendo que debía ofrecerse como nuevo prisionero, murió en su segunda cautividad el 8 de abril de 1364.
Conflictos en Borgoña y Navarra
En noviembre de 1361 falleció Felipe de Rouvres, duque de Borgoña, sin heredero directo. Dos pretendientes surgieron: Carlos el Malo, nieto de la tía abuela del difunto, y Juan el Bueno, su hijo. Juan, juez y parte, se adjudicó el ducado y lo concedió a su hijo Felipe, sentando sin saberlo las bases del futuro Estado borgoñón.
En Navarra, el rey se negó a cualquier arbitraje y fue derrotado en Cocherel (1364) por Bertrand du Guesclin. El tratado de marzo de 1365 le concedió la co‑señoría de Montpellier, pero le quitó todas sus posesiones en la Sena inferior.
Bretania y las compañías mercenarias
La guerra continuó en Bretaña entre los seguidores de Juan de Montfort (apoyado por Inglaterra) y los de Carlos de Blois, liberado en 1356. En 1364 Carlos de Blois murió en la batalla de Auray; Montfort fue reconocido como duque de Bretaña por la Paz de Guérande (abril de 1365), aunque tuvo que hacer homenaje al rey francés.
Las compañías, grupos armados que originalmente estaban al servicio de autoridades legítimas, se convirtieron en ejércitos independientes. En 1365‑1366, bajo el mando de du Guesclin, sirvieron a Enrique de Trastámara contra Pedro el Cruel en Castilla. La victoria en Montiel (1369) garantizó a Carlos V el apoyo castellano y redujo la amenaza de las compañías en Francia.
Flandes y alianzas estratégicas
La sucesión en Flandes pudo haber puesto en riesgo a Carlos V. Luis II de Male, sucesor de Luis de Nevers, consideró acercarse a Eduardo III y ofreció a su única heredera, Margarita de Flandes, en matrimonio a uno de los hijos del rey inglés. La diplomacia de Carlos V frustró el plan y, en 1369, Felipe el Bravo, duque de Borgoña, se casó con Margarita, consolidando una alianza que, aunque más tarde resultaría peligrosa, en ese momento fortaleció a Francia.
Política y campañas de Carlos V
Con la frontera francesa más despejada, Carlos V (el Sabio) adoptó una política activa pese a su mala salud. En 1368‑1369 reunió recursos y, pese a la falta de solución en Castilla y Flandes, inició una serie de campañas. El Príncipe Negro, heredero de Eduardo III, administró Aquitania pero sus intervenciones en Castilla agotaron sus finanzas y provocaron protestas, como la del conde de Armagnac, quien pidió la intervención del rey francés. Carlos V citó al Príncipe Negro ante el Parlamento de París; la respuesta inglesa fue arrogante, prometiendo acudir con 60 000 hombres.
El 3 de junio Eduardo III se autoproclamó rey de Francia y, el 30 de noviembre, Carlos V confiscó nuevamente la Gascuña, reanudando las hostilidades.
Éxitos y reveses (1377‑1381)
Las campañas francesas recuperaron casi por completo los territorios perdidos en 1360. Carlos el Malo fue acorralado por el duque de Borgoña, mientras que los ingleses conservaban Calais, Burdeos, Bayona y varias fortalezas en el centro‑oeste, además de Cherburgo. En Bretaña, el duque Juan IV buscó refugio en Inglaterra y pretendió anexar el ducado, pero la resistencia bretona obligó a Carlos V a restaurar a Juan IV mediante el segundo Tratado de Guérande (abril de 1381).
Crisis tras la muerte de los monarcas
La muerte de Eduardo III (1377) y, tres años después, la de Carlos V, dejó a dos reyes menores: Ricardo II en Inglaterra y Carlos VI en Francia. En Francia, los tíos del rey tomaron el poder, descartando a los consejeros veteranos (“marmosets”) y abandonando la reorganización iniciada por Carlos V. Cada tío siguió sus intereses personales: Juan de Borbón en Languedoc, Felipe de Borgoña en Flandes y Luis de Anjou en Nápoles. Los nuevos impuestos provocaron revueltas populares en Rouen y París, y la insurrección flamenca, liderada por Felipe van Artevelde, buscó alianza militar con Inglaterra. Los franceses aplastaron a los milicianos de Gante en Roosebeke (1382), pero su falta de interés en la guerra contra Inglaterra prolongó el estancamiento.
Conclusión y tregua de 1388
Ante la imposibilidad de avanzar militarmente, se firmó una tregua en 1388, prorrogada en varias ocasiones, que marcó el inicio de una fase de acercamiento duradero entre Francia e Inglaterra y sentó las bases para la siguiente etapa del conflicto.