Quipu en el Museo Larco, Lima – WIKIMEDIA COMMONS
En Sudamérica, los incas fundaron un vasto imperio cuya expansión comenzó a principios del siglo XV. El “Imperio de los Cuatro Suyos”, o Tahuantinsuyo en quechua, abarcó los territorios actuales de Colombia, Ecuador, Perú y gran parte de Chile, además de Bolivia occidental y el noroeste de Argentina, cubriendo aproximadamente 2 000 000 km2.
Su funcionamiento no difirió del de los reinos europeos: la mano de obra obligatoria, la producción agrícola e industrial centralizada y una administración jerárquica y eficiente. Lo que sí distinguía a los incas era la ausencia de escritura. ¿Por qué no desarrollaron este instrumento esencial para la cohesión de un imperio? La respuesta está en su singular y extremadamente preciso sistema de registro: el quipu.
Un sistema complejo
Lo que a simple vista parece un conjunto de cuerdas anudadas, el quipu (del quechua khipu, “nudo”) constituía la base de un complejo aparato utilizado por los quipucamayocs para anotar cualquier información útil al Estado. La cantidad de datos que estos artefactos textiles podían almacenar asombró a los cronistas españoles del siglo XVI. José de Acosta, por ejemplo, describió:
«Estos quipos son memoriales o registros hechos de ramas con diversos nudos y colores que significan distintas cosas; para ellos valen tanto como libros de historia, leyes, ceremonias y cuentas de sus asuntos.»
Pedro Sarmiento de Gamboa los llamó “admirables” por los detalles que preservaban, y Martín de Murúa aseguró que “uno recuerda como si fuera ayer los acontecimientos registrados, incluso mucho tiempo después”.
Para elaborar un quipu se disponía una cuerda principal horizontalmente y de ella colgaban cuerdas secundarias; a su vez, estas podían llevar cuerdas subsidiarias. La información se codificaba mediante nudos colocados en las cuerdas colgantes.
El número de nudos y su posición en las múltiples cuerdas es lo que transmite la información.
La cuerda principal siempre era más larga que el segmento del que colgaban las secundarias. Para guardarlos, se enrollaba el extremo libre y se adornaba con una señal distintiva, como una pluma de color, facilitando su identificación entre cientos de quipus almacenados juntos.
Generalmente estaban confeccionados con algodón o lana de camélidos (principalmente alpaca), aunque también se usaban fibras vegetales o incluso cabello. Algunos cronistas mencionan quipus de oro, pero ninguno ha sobrevivido entre los más de 800 ejemplares que conocemos.
Las cuerdas podían presentar colores uniformes o policromáticos; la combinación dependía del tinte de los hilos y del modo en que se enrollaban alrededor de la cuerda. Se han hallado incluso cuerdas cuyo color cambia a mitad de su longitud.
Los archivos del imperio
Los quipus presentan distintos tipos de nudos, simples o compuestos, y la elección de atarlos a la izquierda o a la derecha era deliberada. Además, su confección no era irreversible: la información podía modificarse deshaciendo y rehaciendo los nudos específicos.
Hoy sabemos que el trenzado de los hilos, su color, la distancia entre las cuerdas colgantes y la cuerda principal, la ubicación, forma, dirección y número de los nudos correspondían a variables del dato registrado. Cada detalle era significativo, lo que permitía archivar datos de todo tipo sin dificultad: censos, recaudación de impuestos, genealogía, calendario, historia, rituales, etc.
En el siglo XVI, Diego Dávalos y Figueroa relató que, al acompañar a un oficial de justicia en una zona de los Andes, encontraron a un indígena ocultando un quipu. Cuando le preguntaron su contenido, el hombre respondió que el quipu narraba todo lo ocurrido en esas tierras desde la caída del Imperio Inca y permitiría, al resurgir, informar a sus señores sobre “todos los españoles que habían pasado por este camino real, lo que habían pedido, comprado y sus acciones, buenas y malas”.
Descifrando el código
Muchos investigadores han intentado desentrañar el significado de los quipus. En las décadas de 1970 y 1980, Marcia y Robert Ascher analizaron un corpus de 206 ejemplares, observando meticulosamente los nudos (tipo y ubicación) y las cuerdas (color, longitud y relaciones). Descubrieron la existencia de quipus numéricos basados en un sistema decimal (unidades, decenas, centenas, etc.), donde cada tipo de nudo representa un valor de 0 a 9. Así, es posible “leer” los números sumando los valores correspondientes a cada posición.
Sin embargo, el significado de los valores numéricos extraídos de estos quipus sigue sin conocerse, en parte porque otras variables –como el color de las cuerdas– aún no se han interpretado.
También se ha perdido la información oral que complementaba los quipus, como los dispositivos mnemónicos. Además, desconocemos el sistema de escritura empleado en los “quipus históricos” que relatan los principales episodios de la dinastía inca. Por ello, aún estamos lejos de comprender plenamente su sentido y quizá nunca descifremos los misterios de estos “nudos de memoria”.
Si al principio los españoles intentaron destruirlos, pronto reconocieron su utilidad y delegaron su lectura a los nativos.
Al principio, los conquistadores consideraron los quipus objetos de idolatría que debían ser quemados. La efectividad del sistema de registro, sin embargo, los llevó a cambiar de postura: pocos años después de ordenar su quema, la administración colonial incentivó su uso para censos y confió la tarea a los indígenas, a quienes los sacerdotes invitaban a “meditar sus pecados y hacer quipus de ellos” antes de la confesión.
En la época colonial, los quipus dejaron de seguir las normas incaicas y se adaptaron a las necesidades del nuevo gobierno, pero la figura del quipucamayoc persistió y siguió desempeñando un papel importante en la administración.
La caída del Imperio Inca modificó esta herramienta ancestral sin alterar sus fundamentos. Por eso, en los Andes todavía existen comunidades que mantienen viva su tradición. Ya sea como objeto ritual, símbolo de prestigio o, más recientemente, como pieza textil alejada del quipu original, todos testimonian las profundas raíces de “estas modestamente cuerdas” en la organización social andina.
Para profundizar
Los incas, César Itier, Les Belles Lettres, 2008.
Mitos, rituales y política de los incas en la convulsión de la Conquista, Jan Szemínski y Mariusz Ziółkowski, L’Harmattan, 2015.
Escrituras misteriosas, Dominique Becker y Fabrice Kircher, Pardès, 2008.