Historia antigua

El cliente, rey de los grandes almacenes

El cliente, rey de los grandes almacenes

Inauguración del Gran Bazar en la rue de Rennes, París, 1907 • WIKIMEDIA COMMONS

A principios del siglo XIX, el comercio minorista europeo todavía estaba dominado por pequeños establecimientos especializados —herreros, perfumerías, joyerías— y por puestos callejeros que surgían en ferias y mercados. Las clases acomodadas compraban desde sus casas, enviando a los mercaderes o recibiendo a sastres y modistas que tomaban sus pedidos. La oferta limitada provocaba precios elevados y, a menudo, la necesidad de regatear.

Los pequeños comercios quedan obsoletos

En la mitad del siglo XIX la burguesía, enriquecida por la Revolución Industrial, empezó a demandar lujos antes inaccesibles. La falta de dinero ya no era un obstáculo; lo que faltaba era espacio y variedad. Surgieron nuevas fórmulas comerciales: los pasajes cubiertos de París, los “tiendas de novedades” y, sobre todo, una nueva categoría de establecimientos elegantes y cómodos, dirigidos mayormente a la mujer, donde los precios estaban claramente etiquetados y el personal especializado ofrecía asesoramiento.

Boucicaut, el vendedor autodidacta

El concepto del department store se atribuye al francés Aristide Boucicaut. Hijo de un sombrerero de Bellême, en Normandía, comenzó vendiendo sombreros ambulante. A los 18 años se mudó a París y trabajó en el bazar Petit Saint‑Thomas, donde conoció a Marguerite Guérin, su futura esposa y colaboradora. En 1845 ingresó como vendedor en la tienda de novedades Au Bon Marché.

Al observar de cerca a los clientes, Boucicaut comprendió la psicología de la compra y propuso reorganizar Le Bon Marché en departamentos que ofrecieran todo tipo de artículos: vestidos, sombreros, paraguas, guantes, bolsos o maletas, siempre con precios visibles. En 1852 fundó una nueva sociedad bajo el mismo nombre y, al año siguiente, la trasladó a unas instalaciones más amplias en la rue de Sèvres.

Con la ayuda de un inversor francés que había hecho fortuna en EE. UU., Boucicaut adquirió la empresa en 1863. Para la nueva sede, encargó a Gustave Eiffel y Louis‑Charles Boileau un edificio de hierro y cristal que, aún hoy, alberga el Le Bon Marché que conocemos.

El arte de fidelizar al cliente

Boucicaut transformó la compra en una experiencia placentera. Instaló un pequeño café donde los hombres podían leer, fumar o tomar algo mientras las mujeres compraban. Distribuyó globos y dulces para atraer a los niños y, por primera vez, permitió a los clientes ver los productos de cerca, consultar precios en etiquetas y beneficiarse de descuentos estacionales, eliminando el regateo.

El local estaba pensado para ser cómodo: grandes ventanales iluminados de noche, ascensores que facilitaban el tránsito entre plantas y entregas a domicilio. Además, introdujo la venta por correspondencia con devolución gratuita, ampliando su alcance a toda Francia, Europa y América. En 1910 abrió el lujoso Hôtel Lutetia, un cruce entre Art Nouveau y Art Déco.

Inspirado por el socialismo cristiano y las ideas de Félicité de Lamennais, Boucicaut ofreció a sus 3 500 empleados condiciones laborales inéditas: licencia por maternidad remunerada, seguros de enfermedad, regalos de boda, cursos de idiomas y viviendas dentro de los propios edificios.

Impacto cultural y literario

El éxito del Bon Marché influyó en la moda francesa y en la inserción de la mujer en el mercado laboral como asistente de ventas, costurera o sombrerera. También inspiró a escritores; en 1883, Émile Zola publicó Au Bonheur des Dames, cuya tienda ficticia refleja con precisión el ambiente del Bon Marché de sus inicios.

De París a Londres y Nueva York

El modelo se replicó rápidamente. En París surgieron Printemps (1865) y La Samaritaine (1870), ambos fundados por ex‑empleados de Boucicaut. Las Galeries Lafayette (1893) atrajeron a la alta burguesía con sus elegantes locales Art Nouveau‑Art Déco.

En Londres, Harrods, fundado en 1835, se transformó en un gran almacén de lujo tras mudarse a Knightsbridge en 1849. En EE. UU., Macy’s inauguró en 1902 su tienda de Nueva York, proclamada como “la más grande del mundo”. Otras cadenas como Woolworth, Bloomingdale’s y la propia Bon Marché estadounidense siguieron el mismo camino.

El legado en España

Barcelona fue la primera ciudad española en adoptar el modelo, con El Siglo (1878) en Las Ramblas: siete plantas, 1 000 empleados, 25 vehículos de reparto y 20 000 catálogos. Tras su destrucción por incendio en 1932, Madrid abrió su primer gran almacén en 1924 bajo el nombre Madrid‑París, aunque desapareció diez años después. Posteriormente surgieron SEPU, Galerías Preciados y El Corte Inglés, consolidando la tradición del department store en la península.

Bibliografía

Para profundizar:
El consumidor domesticado, 1869‑1920, Michael Barry Miller, Armand Colin, 1987.
Historia de los grandes almacenes, Jan Whitaker, Citadelles & Mazenod, 2011.
The Fabulous History of Department Stores, Renée Grimaud, Editions Prisma, 2016.

Zola y la depredación de los pequeños comercios

En Au Bonheur des Dames, Zola describe a Octave Mouret (inspirado en Boucicaut) como un astuto zorro que, al bajar precios, “devora a los pequeños comercios”.

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