La Guerra de Corinto enfrentó a los espartanos, representados por la nobleza guerrera, contra una coalición de pequeños comerciantes y artesanos liderada por Tebas, capital de Beocia. Tras la derrota ateniense, la Liga Beocia se fortaleció y se organizó en la fortaleza tebana de Cadmea, bajo un consejo elegido entre los once distritos de la región.
Contexto
Alrededor del 395 a.C. los tebanos atacaron a la Focia, aliada de Esparta. El rey espartano Pausanias, al frente de la Liga del Peloponeso (excepto Corinto), respondió contra Beocia. Atenas, que escuchó el llamado antiespartano, envió a Lisandro, quien fue derrotado y muerto cerca de Haliartos. Pausanias propuso una tregua, pero al regresar a Esparta fue ejecutado. El triunfo espartano en Halianthus animó a sus enemigos y se formó la Alianza Cuádruple de Atenas‑Tebas‑Corinto‑Argos, a la que se sumaron Acarnania, Epiro, Focia, Eubea, Eocras, ciudades de la península Calcídica y Tesalia.
Desarrollo de la guerra
- 394 a.C.: los aliados se reúnen en Corinto y declaran la Guerra de Corinto, la primera acción conjunta de los estados democráticos contra la hegemonía espartana.
- Agesilao regresa de Asia Menor, atraviesa Tesalia y derrota a la Alianza en Corinto el 3 de agosto de 394.
- Los espartanos vencen a los aliados cerca de Nemea y ocupan Sicion.
- Se refuerzan los lazos entre Tebas, Atenas, Corinto y Argos.
- La flota persa‑fenicia, comandada por Conón y Farnabazo, destruye la armada peloponesia en Cnidus, matando al líder espartano Píndaro. Esparta pierde su efímera supremacía naval y sus posesiones en Asia Menor y el Mar Negro.
Influencia persa y nuevas alianzas
Con el apoyo financiero persa, Beocia acuñó las primeras monedas de oro griegas y Atenas recuperó su poder naval bajo el almirante Conón. Se crearon nuevas flotas con la participación de Rodas, Quíos, Cos, Lesbos, las Cícladas y Siro, y se estrecharon vínculos con ciudades de Asia Menor como Éfeso y Bizancio, así como con Chipre.
Esparta, temerosa del renacer ateniense, intentó pactar un tratado con Persia en 392 a.C. con condiciones que reconocían la soberanía persa sobre las ciudades jónicas, declaraban libres a todas las demás ciudades griegas (excepto Lacedemonia) y buscaban restablecer la hegemonía espartana.
Paz de Antálcidas (386 a.C.)
Tras varios intentos fallidos de negociación en Sardes y Atenas, en 386 a.C. se firmó la Paz de Antálcidas, conocida también como la Paz del Rey. El tratado, recordado por Jenofonte, incorporó las condiciones de 392 a.C. y añadió la posesión persa sobre las ciudades de Jonia, las islas de Clazómenas y Chipre, limitando la intervención de la Grecia peninsular en Asia durante cincuenta años.
Se concedió autonomía a todas las ciudades helénicas, salvo Lemnos, Imbros y Esciros, que permanecieron bajo dominio ateniense.
Consecuencias
- Disolución de la Liga Beocia y reconocimiento de la autonomía de sus ciudades.
- Restauración de la hegemonía espartana.
- Las ciudades jónicas pasaron a estar bajo control persa, lo que impulsó un florecimiento comercial y monumental (Éfeso, Halicarnaso, Priene, Artemisión de Éfeso).
- Esparta intensificó su política represiva: mantuvo hostilidades contra Mantineas (capituló en 385 a.C.) y contra Fliunte, que resistió la entrega de su acrópolis.
- Atenas, aunque humillada, logró reconstruir sus murallas y los muros largos, recuperó Imbros, Lemnos y Esciros, restableció sus colonias clerúquicas, revitalizó el comercio en el Mar Negro y mantuvo alianzas con Lesbos, Quíos y Rodas. Además, apoyó en secreto los levantamientos en Chipre y Egipto contra Persia.