El papel de los soldados sudafricanos, y especialmente de los negros, en la Segunda Guerra Mundial suele estar subvalorado. Uno de ellos, Job Maseko, logró hundir un barco alemán usando una bomba improvisada con una lata de leche.
Los inicios de Maseko
Job Maseko trabajaba cerca de Johannesburgo cuando estalló la guerra. Al principio, a los negros se les prohibía alistarse en las Fuerzas Armadas sudafricanas. En 1940 la normativa cambió: podían servir, pero sólo en puestos no combativos y sin entrenamiento militar, mientras que los blancos sí recibían instrucción. Maseko fue uno de los 77 000 negros sudafricanos que ingresaron al ejército.
En Tobruk
En 1942, Maseko formó parte del Cuerpo de Guardia Nacional en Tobruk, sitiada por los alemanes. Él y unos 1 200 compañeros negros no llevaban armas; en sus misiones recibían una lanza. Tras la presión alemana, finalmente obtuvieron rifles. El 21 de junio de 1942 la guarnición se rindió y Tobruk cayó en manos alemanas.
Los prisioneros de guerra negros fueron enviados a un campo en el desierto, donde trabajaban en condiciones inhumanas y con escasa alimentación. El comandante del campamento, el mayor Schroeder, era especialmente cruel y practicaba torturas.
El acto de sabotaje
Cuando el general Rommel visitó el campo, Maseko fue el único que se atrevió a decir la verdad a pesar de las advertencias de Schroeder, lo que le valió una brutal tortura. Posteriormente fue trasladado al puerto para cargar y descargar mercancías, pero decidió vengarse.
Aprovechando lo que había aprendido sobre explosivos durante el asedio, Maseko, con la ayuda de tres compañeros, bajó al almacén del barco, tomó una caja de cartuchos de la que extrajo la pólvora, una caja de leche y un fusible. Con esos materiales fabricó una bomba que colocó entre barriles de gasolina a bordo del buque.
Encendió la mecha y, minutos después, una explosión ensordecedora hizo que el barco se partiera en pedazos. Los alemanes no sospecharon que un “subhumano”, como llamaban a los negros, pudiera haber perpetrado tal sabotaje.
Escapada y reconocimiento
De regreso al campamento, Maseko reparó una radio antigua y, a través de ella, supo de la victoria aliada en El Alamein. Aprovechó la información para escapar y logró llegar a las líneas aliadas.
Fue condecorado por su valentía. Se propuso otorgarle la Victoria Cross, la máxima distinción británica, pero la candidatura fue descartada por motivos raciales. Tras la guerra, volvió a una vida de trabajo duro y murió atropellado por un tren en 1952. Sólo con el fin del apartheid su heroísmo recibió el reconocimiento que merecía.