Factores económicos
El aumento del gasto público y de los impuestos provocó una caída de la productividad y una inflación descontrolada.
La expansión territorial implicó mayores gastos militares, lo que tensionó aún más las finanzas del Estado.
Factores políticos
Una sucesión de emperadores débiles e incompetentes, frecuentemente manipulados por poderosos generales y facciones, generó inestabilidad.
Las luchas internas y las guerras civiles minaron la autoridad central.
Factores militares
El surgimiento de enemigos poderosos —tribus germánicas, visigodos, hunos y persas— ejerció una presión constante en las fronteras.
La dependencia excesiva de ejércitos mercenarios, leales antes a sus comandantes que al emperador, debilitó la cohesión del ejército.
El descenso de la disciplina y la moral provocó derrotas en batallas decisivas.
Factores administrativos
La excesiva centralización del poder generó una gestión ineficiente.
Un aparato administrativo sobreextendido y complejo favoreció la corrupción y la burocracia lenta.
Factores culturales y sociales
El declive de los valores tradicionales romanos y la expansión del cristianismo modificaron las estructuras sociales y religiosas.
Una tasa de natalidad en descenso y una población envejecida redujeron la disponibilidad de mano de obra.
Factores externos
Las invasiones de tribus germánicas como visigodos, vándalos y ostrogodos, combinadas con la presión de otros pueblos, precipitaron el colapso del Imperio.
La interacción de todos estos elementos a lo largo de varios siglos provocó el debilitamiento progresivo del Imperio Romano y su caída final en Occidente.