Los cazadores‑recolectores habitaban una amplia gama de refugios, adaptados al clima y a los recursos locales.
Tipos comunes de refugios
- Cuevas y abrigos rocosos: Ofrecían protección natural contra los elementos y eran frecuentes en zonas montañosas o rocosas.
- Tiendas: Fabricadas con pieles de animales o fibras vegetales, se usaban en climas cálidos o durante los desplazamientos.
- Chozas: Construidas con madera, barro, pieles u otros materiales, eran típicas en regiones frías o cuando el grupo se establecía por más tiempo.
- Refugios improvisados (lean‑tos): Estructuras sencillas con techo inclinado apoyado en postes o árboles, ideales para paradas rápidas.
- Viviendas subterráneas: Excavadas en el suelo y cubiertas con tierra u otros materiales, útiles en climas fríos o para asentamientos más permanentes.