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Historia de la invención de la resonancia magnética (MRI)

Historia de la invención de la resonancia magnética (MRI) La resonancia magnética (MRI) se basa en un fenómeno observado en 1938 por Isidor Isaac Rabi en haces moleculares. Permite explorar los órganos del cuerpo sin necesidad de cirugía, gracias a la detección de señales de resonancia magnética nuclear (RMN) emitidas por los átomos de hidrógeno presentes en los tejidos. El nombre MRI surgió después de la Segunda Guerra Mundial y los primeros usos de la bomba atómica; se eliminó la palabra «nuclear» por su connotación agresiva. Varios investigadores aportaron al desarrollo, entre ellos Felix Bloch y Edward Mills Purcell en 1946. Raymond Vahan Damadian propuso, ya en 1969, emplear la RMN con fines médicos, particularmente para la detección de tumores.

La resonancia magnética: la herramienta definitiva de la medicina moderna

Durante las décadas siguientes el método se perfeccionó, mejorando notablemente la calidad de la resolución. Desde la década de 1980 permite obtener imágenes en 2D o 3D de distintas partes del cuerpo, especialmente del cerebro. Al aplicar ondas electromagnéticas de alta frecuencia a una zona y medir la señal re‑emitida por átomos como el hidrógeno, se determina la composición química y la naturaleza de los tejidos en cada punto del volumen examinado.

A diferencia de la tomografía computarizada (TC) y de otras técnicas como la PET, la MRI es no invasiva y no utiliza radiación ionizante, lo que constituye una ventaja significativa. Hoy en día se emplea ampliamente para diagnosticar enfermedades neurológicas como la esclerosis múltiple, los accidentes cerebrovasculares y los tumores, con una precisión extraordinaria.