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Mujer letal de la Edad Media: ningún hombre escapaba a su destino

La princesa Ryksa, hija del rey polaco Przemysł II, era famosa por su extraordinaria belleza. Sin embargo, el amor le fue esquivo: sus esposos morían una y otra vez, dejándole fortuna y títulos reales. ¿Coincidencia?

Ryksa nació en Poznań el 1 de septiembre de 1288. Su infancia estuvo lejos de ser tranquila. A los tres años fue prometida con Otto, hijo de Alberto III de Brandenburgo, quien además era hermano de su futura madrastra, Margarita de Brandenburgo. Muy pronto quedó huérfana: su madre falleció poco después del parto y, a los ocho años, su padre murió en un ataque sangriento del que, según crónicas, Ryksa habría participado con sus propias manos, junto a su nueva madrastra Margarita.

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Una madre sustituta y promesas rotas

Margaret llevó a Ryksa a Brandenburgo y se empezó a planear su matrimonio con Otto. Sin embargo, el prometido murió entre 1297 y 1299, dejando a la joven princesa rodeada de luto y de una nueva amenaza: la viuda de Leszek el Negro, Gryfina, quien tomó a Ryksa bajo su tutela. Gryfina, conocida por su carácter dominante y su enemistad pública con su esposo, no era la protectora ideal para la pequeña.

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El rey Wenceslao II de Bohemia y el matrimonio político

En julio de 1300, el rey checo Wenceslao II mostró interés en Ryksa, ahora considerada una valiosa pieza en el tablero matrimonial europeo. A los 12 años, la princesa fue enviada a Praga y entregada al cuidado de su tía Gryfina. Wenceslao, de 29 años y con una vida disoluta, no tenía prisa por contraer matrimonio, pero la presión política lo obligó a casarse con la joven polaca.

"El rey gastaba su vigor antes de alcanzar la madurez" – crónica checa contemporánea.

"Ottokar era mejor en pañales que Wenceslao, su hijo barbudo que alimentaba su alma con libertinaje y lujo" – Dante, en la Divina Comedia.

El matrimonio, aunque puramente político, otorgó a Wenceslao la corona polaca como parte de un paquete, según el cronista Dalimil: "Wenceslao tomó a una princesa polaca como esposa, y ella llevaba la tierra en su corona".

Un esposo aceptable pero de corta vida

Desde un punto de vista práctico, Ryksa no podía haber conseguido una alianza mejor. Wenceslao, aunque físicamente frágil y de complexión delgada, era atractivo: de estatura media, rostro alargado, ojos grandes y nariz alta. Su tez morena y cabellos oscuros eran típicos de la dinastía Přemyslid.

Los historiadores contemporáneos lo describen como un buen gobernante, interesado en el desarrollo económico y cultural del reino. El 26 de mayo de 1303, Ryksa tomó el nombre de Isabel y fue coronada reina de Bohemia y Polonia por el obispo de Wrocław, sin la autorización del papado, lo que más tarde sería reprochado por el papa Bonifacio VIII.

El reinado de Wenceslao duró apenas dos años; murió el 21 de junio de 1305, dejando a Ryksa, entonces de 16 años, con una hija recién nacida, Agnieszka, y una dote de 20 000 libras de plata, además de los ingresos de varias ciudades bohemias.

Otro marido falleció, pero la joven quedó como una viuda adinerada.

Un segundo matrimonio fugaz

El 16 de octubre de 1306, Ryksa se casó con Rudolf de Habsburgo, hijo mayor del rey alemán Alberto I, entonces de 25 años. Según la crónica de Ottokar de Estiria, Rudolf se enamoró apasionadamente de la hermosa viuda de 17 años.

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El enlace fue fastuoso, pero la suerte volvió a girar: Rudolf murió menos de un año después, dejando nuevamente a Ryksa con una dote de 20 000 libras de plata.

Una viuda poderosa y su amor prohibido

Alrededor de 1310, Ryksa inició una relación con Henryk de Lipa, el hombre más rico e influyente del reino. Decidió no volver a casarse, quizás para romper la aparente maldición que la perseguía.

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El objetivo parecía político: ganar el favor del nuevo rey Juan de Luxemburgo, cuyo matrimonio con la hija de Wenceslao II la mantenía en constante rivalidad con su antigua madrastra. Más tarde, el rey compró las propiedades de Ryksa, pero ella se trasladó a Brno (Moravia), donde Henryk la siguió y asumió la starostía de Moravia.

Sin embargo, la relación se transformó en un verdadero sentimiento. Cuando Henryk murió en 1329, Ryksa lo lloró profundamente. Nunca formalizó su unión, y los historiadores discuten las razones: algunos creen que casarse le habría hecho perder su título real; otros apuntan a que Henryk ya estaba casado, o que temía que otro juramento atrajera la misma desgracia que había marcado su vida.

Al no contraer matrimonio, Ryksa mantuvo la independencia y los privilegios que había disfrutado como viuda poderosa, evitando renunciar a su autonomía.