Los comienzos de un revolucionario enamorado
En los primeros años del siglo XX, antes de que estallara la Primera Guerra Mundial y de que la Revolución de Octubre se gestara, el joven Félix Dzerzhinsky vivía como un militante comunista en constante fuga. Persiguiendo al guardia zarista y trasladado de ciudad en ciudad por la clandestina Social‑Democracia del Reino de Polonia y Lituania, aparecía brevemente en cada urbe, siempre buscando un refugio momentáneo en los brazos de una amante local. Para mantener viva la atracción, escribía cartas apasionadas que revelaban su carácter romántico y su insaciable deseo de placer.
Obsesión por Sabina Feinstein
Una de sus correspondencias más famosas está dirigida a Sabina Feinstein, una joven judía de familia acomodada de Varsovia. En una carta que él describió como "una locura que me obliga a escribir", Dzerzhinsky confesó: «Estoy loco, temo escribir… pero amo con una fuerza infinita». Estas declaraciones, cargadas de fervor, no dejaron a Sabina indiferente.
Durante cada estancia en Varsovia, Sabina le brindaba compañía y consuelo. Sin embargo, los intensos debates del partido no lo distraían: mientras los camaradas debatían, él pensaba en los momentos de placer que le esperaban al caer la noche.
El triángulo amoroso con las hermanas Feinstein
La situación se complicó cuando la hermana menor de Sabina, Michalina ("Mica"), también se enamoró de Dzerzhinsky. Sabina intentó ceder a su hermano, proponiendo que él se casara con Mica, pero Félix encontró a Sabina más atractiva tanto física como intelectualmente y rechazó la idea.
El drama alcanzó su punto álgido en octubre de 1909, cuando Michalina se suicidó en Berlín envenenándose con cianuro de potasio. Dzerzhinsky le envió una carta desgarradora, pidiéndole que siguiera viviendo y que encontrara la felicidad sin él.
Escapadas, exilio y nuevos amores
Tras ser condenado a trabajos forzados y enviado a Siberia, Dzerzhinsky escapó por tercera vez y regresó a Varsovia, donde intentó tranquilizar a Sabina. Sin embargo, la revolución exigía discreción: sus compañeros intentaron encubrir la muerte de Michalina como una causa natural para evitar escándalos.
Más adelante, Dzerzhinsky fue trasladado a Cracovia, donde mantuvo una relación con Zofia Muskat. La pareja concibió un hijo y, durante unas vacaciones en los Tatras, Dzerzhinsky decidió casarse con ella, tanto en una ceremonia del partido como, sorprendentemente, en la Iglesia de San Nicolás.
El final de los amores de Dzerzhinsky
Sabina, destrozada, le escribió una carta exigiendo respuestas. Dzerzhinsky, ya casado y encarcelado, respondió con frialdad, culpándola de la ruptura. Mientras tanto, su ex‑esposa Zofia, embarazada y detenida, recibió una confesión completa de su marido, quien admitió su doble vida.
El hijo de Dzerzhinsky, Jan, recordó años después que su padre eligió a Zofia porque representaba una alianza revolucionaria estable, libre de los sentimientos que, según él, habían sido desastrosos para ambos.
Sabina Feinstein vivió hasta los 89 años sin volver a amar a otro hombre, conservando el anillo que Dzerzhinsky le había regalado como recuerdo de su pasión.
Fuentes
El artículo se basa en el libro de Sylwia Frołow Dzerzhinsky. Amor y revolución (Horizon Mark, 2014).