historia historica

Fort VII en Poznan: el primer campo de concentración de Polonia

Orígenes del fuerte

El Fort VII formaba parte del sistema de fortificaciones de Poznan construido por los prusios en el siglo XIX. Fue edificado entre 1876 y 1880 y recibió el nombre de Fuerte VII Colomb en honor al general prusiano Friedrich August Peter von Colomb, comandante del 5.º Cuerpo de Ejército en Poznan. Durante el periodo de entreguerras albergó el almacén de municiones del 3.º Regimiento Aéreo. En la guerra defensiva de 1939 no participó en combates.

Transformación en campo de concentración

Los alemanes ocuparon rápidamente el fuerte y, el 10 de octubre de 1939, lo convirtieron en el Konzentrationslager Posen, dependiente de la Einsatzgruppe VI (policía de seguridad). En noviembre de 1939 pasó a ser un campo provisional de la Gestapo y, a mediados de 1941, se transformó en una prisión de la policía de seguridad y un campo de “educación laboral”.

Desde sus inicios los ocupantes pretendieron que el lugar tuviera una función especial: los prisioneros serían enviados a otros campos o ejecutados allí mismo. El objetivo era crear un campo de muerte para la aniquilación de la región de Wielkopolska y, al mismo tiempo, sembrar terror entre la población polaca.

Fort VII en Poznan: el primer campo de concentración de Polonia

Escala de la violencia

Se estima que entre 15.000 y 20.000 personas fueron asesinadas en el fuerte y en los bosques circundantes. La gestión del campo estaba a cargo de oficiales de la SS con inclinaciones sadísticas, que veían en la crueldad una forma de ascender dentro del sistema de campos de concentración. El personal oscilaba entre 50 y 80 oficiales.

Un “campo de muerte” según los propios alemanes

Los nazis lo denominaban „Lager der Blutrache“ (campo de venganza sangrienta). Allí fueron encarcelados profesores, médicos, clérigos, artistas y funcionarios polacos, muchos de los cuales habían participado en la resistencia previa a la invasión. Muchos fueron brutalmente golpeados en la Gestapo de Poznan y luego ejecutados en los bosques de Palędzko‑Zakrzewe, Rożnowice o Dębienko.

Fort VII en Poznan: el primer campo de concentración de Polonia

Los horrores cotidianos

Los internos describían el traslado a Fort VII como una sentencia de muerte. La llegada de la noticia de que serían enviados a Auschwitz o Gross‑Rosen se recibía como una “esperanza de supervivencia”, pues cualquier otro lugar parecía menos terrible que el Fort VII.

“Viaje a los Cárpatos” y otras “diversiones”

En invierno, los guardias vertían agua sobre una pendiente empinada del fuerte; al congelarse, obligaban a los prisioneros a deslizarse mientras los golpeaban y los empujaban al vacío. Cuando no había hielo, los obligaban a cargar piedras por escaleras estrechas, mientras los SS los pateaban y los lanzaban al suelo. Estas “pruebas” continuaban hasta que la víctima moría o era brutalmente asesinada.

Otra práctica cruel, conocida como “la campana”, consistía en colgar a la víctima por los pies en la ducha del campo, boca abajo, y empujarla para que se estrellara contra los lavabos, provocando graves lesiones. Tras el acto, se obligaba a otros prisioneros a limpiar la sangre y los restos.

Torturas de “caza”

Los guardias organizaban “carreras de liebres”, obligando a los prisioneros a saltar mientras los disparaban como si fueran presas. En el “juego del perro”, los internos corrían a cuatro patas y eran azotados con látigos.

Fort VII en Poznan: el primer campo de concentración de Polonia

Condiciones inhumanas

Las celdas estaban sumidas en la oscuridad, con temperaturas de 8‑10 °C, alta humedad y ventilación deficiente. Los prisioneros que salían al exterior a menudo perdían la vista, lo que se consideraba una sentencia de muerte. Enfermedades como tifus, tuberculosis y disentería se propagaban sin que hubiera asistencia médica.

Primeras pruebas de cámaras de gas

En octubre de 1939 se realizaron experimentos con cámaras de gas de dióxido de carbono en la antigua batería de artillería del fuerte. Los nazis concluyeron que el proceso era lento (30‑40 min para abrir la cámara y retirar los cuerpos) y lo abandonaron en favor de camiones sellados que servían como “cámaras móviles”.

Los primeros objetivos de estos experimentos fueron pacientes psiquiátricos del hospital de Owińska y de la clínica neuro‑psiquiátrica de la Universidad de Poznan.

Instrumento de terror psicológico

Los alemanes utilizaban el Fort VII también como herramienta de intimidación. Cada sábado y domingo, grupos de polacos “dominicales” eran enviados al fuerte para escuchar los gritos y la violencia, con el objetivo de quebrantar su voluntad de resistencia.

Fin del campo y su legado

El campo permaneció activo hasta 1944, cuando sus funciones fueron asumidas por el campo de Żabików. Tras la guerra, la instalación albergó fábricas y, hasta 1979, fue un depósito militar inaccesible al público. Ese año se abrió la Museo del Martirio de la Gran Polonia en parte del fuerte; en 2000 la ciudad tomó el control total del edificio, cediendo el Fort VIII al ejército.

Hoy el museo invita a los visitantes a reflexionar sobre la historia del sitio, sus escaleras de la muerte, la ducha del campo y los restos de los muros donde se ejecutaba a los prisioneros.

Bibliografía

  1. Aleksandra Pietrowicz, Establecimiento de un campo de concentración en el Fort VII de Poznan, 10 de octubre de 1939, ipn.gov.pl (consultado el 23 de febrero de 2022).
  2. Museo del Martirio de la Gran Polonia – Fort VII.
  3. Grzegorz Okoński, Fort VII en Poznan: el primer campo de concentración polaco donde se usaron cámaras de gas, "Głos Wielkopolski", 1 de septiembre de 2021.

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