Historia antigua

La talibanización de Afganistán: causas, consecuencias y lecciones

La talibanización de Afganistán: causas, consecuencias y lecciones

El debate en Francia sobre la posible finalización de la Operación Barkhane, que implica la retirada de tropas europeas del Sahel, ilustra el riesgo de crear un vacío de seguridad que favorezca la expansión de grupos yihadistas. La situación es comparable a la que se vivió en Afganistán, donde la salida de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN dejó al país bajo el control total de los talibanes.

El fracaso de la intervención estadounidense y la talibanización de Afganistán

Tras veinte años de presencia militar, Estados Unidos y sus aliados abandonaron Afganistán en agosto de 2021, cumpliendo un acuerdo firmado por el expresidente Donald Trump con los talibanes. La retirada se adelantó respecto al plan original del 11 de septiembre, pese a que los servicios de inteligencia y el Pentágono consideraban que la fecha no era adecuada.

Los analistas se preguntan si se logró el objetivo proclamado de “construir un Estado lo suficientemente fuerte como para no convertirse en refugio del terrorismo”. La ONU había advertido previamente sobre los riesgos de un vacío de poder.

Los talibanes, libres de la presión militar estadounidense, han demostrado que prefieren la vía militar a la negociación. Algunos grupos afirman que nunca perdieron la guerra contra EE. UU. y que la derrota de las fuerzas regulares estadounidenses constituye una victoria estratégica. En diez días, tras la toma de Kabul –que según la inteligencia estadounidense debería haber tardado dos o tres meses–, los talibanes consolidaron su control sobre gran parte del territorio, incluyendo cruces fronterizos con Irán, Tayikistán, Turkmenistán y Pakistán.

Con la ausencia de fuerzas extranjeras, Afganistán se ha convertido en una reserva potencial de yihadistas y en una nueva plataforma para el terrorismo internacional, manteniendo vínculos con Al‑Qaida.

La retirada provocó una ola de desplazamientos: civiles huyeron a países vecinos, Turquía y Europa, mientras que más de mil soldados del ejército afgano desertaron en confrontaciones con los talibanes, evidenciando la baja moral y la falta de apoyo logístico.

El ejército afgano, aunque entrenado y equipado, no pudo resistir la presión talibán, que emplea tácticas de terror contra civiles vinculados al gobierno y contra sus propios combatientes capturados. Además, la corrupción dentro de la cadena de mando minó la confianza y la eficacia de las fuerzas.

Ante la imposibilidad de un acuerdo político, los talibanes exigen la completa retirada de todo personal extranjero y la imposición de una sharia estricta, especialmente en contra de los derechos de las mujeres, lo que está generando una nueva ola migratoria.

La talibanización de Afganistán: causas, consecuencias y lecciones

Los talibanes, que tomaron el poder en 1996 y fueron derrocados en 2001, siguen persiguiendo la imposición de su interpretación del islam, sin aspirar a un califato global como Al‑Qaida o ISIS, aunque mantienen ciertos contactos con ellos.

El fracaso se manifiesta en tres ámbitos:

  • Político: incapacidad de establecer un gobierno legítimo y representativo en dos décadas.
  • Militar: imposibilidad de eliminar a los talibanes pese a la superioridad numérica y tecnológica.
  • Ideológico: no se logró debilitar la visión extremista que sustenta al movimiento.

China, a través de acuerdos con los talibanes, busca llenar el vacío estratégico, interesado en proyectos de desarrollo y en evitar que grupos islamistas, como el Movimiento Islámico del Este de Turkestán, operen desde territorio afgano.

La salida abrupta de EE. UU. y sus aliados evidencia una falla de inteligencia y, posiblemente, de intereses económicos ocultos. La comunidad internacional se ha limitado a declaraciones y al cierre de embajadas, sin ofrecer soluciones concretas.

Los objetivos de desarrollo local, la creación de fuerzas de seguridad afganas y los diálogos de paz quedaron inconclusos. Los talibanes insisten en que, antes de cualquier negociación, todas las fuerzas extranjeras deben abandonar el país.

En la actualidad, tanto los talibanes como el gobierno afgano se acusan mutuamente de bloquear las conversaciones de Doha, que EE. UU. había intentado impulsar antes de su retirada.

Lecciones aprendidas

La frase “Afganistán, cementerio de imperios” vuelve a resonar, al igual que la advertencia talibán de que “ustedes tienen los relojes, nosotros tenemos el tiempo”. En el Sahel, la experiencia afgana sugiere el peligro de involucrarse en un conflicto sin una definición clara de victoria.

El plan del presidente Macron de “europeizar” la presencia militar en el Sahel, creando una fuerza conjunta bajo mando francés, busca evitar un desgaste similar al de Afganistán, aunque todavía está en discusión en la cumbre de la OTAN.

Es fundamental reconocer el costo de establecer un Emirato Islámico en Afganistán, que puede servir de base a grupos yihadistas y aumentar la agresividad antioccidental a nivel global.

Nota: El 13 de mayo de 2021 los últimos soldados españoles abandonaron Afganistán, poniendo fin a la misión más larga del Ejército español en el extranjero, que contó con 27.000 efectivos y sufrió 79 ataques durante 19 años.

Publicación siguiente