Más de setenta mil personas, entre peruanos y visitantes extranjeros, se reúnen en Puno cada febrero para vivir la segunda concentración religiosa más grande del país, después de la Procesión del Señor de los Milagros. Entre máscaras sorprendentes, bailes exultantes y coloridos desfiles, la ciudad se transforma en un escenario de diabladas, morenadas y tuntunas que hacen vibrar el Altiplano.
Origen de la Virgen de la Candelaria
La devoción a la Virgen de la Candelaria tiene sus raíces en la isla de Tenerife, en las Islas Canarias. La fiesta se celebra el 2 de febrero, conmemora la presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María. La iconografía típica muestra a la Madre sosteniendo al Niño en su brazo derecho y una vela en la izquierda, símbolo de la luz que guía a la humanidad.
Según la leyenda guanche, dos pastores encontraron una imagen de la Virgen en la entrada de una cueva; al intentar moverla, sus armas se rompieron y comprendieron que estaban frente a una presencia sobrenatural. Desde entonces, la imagen fue venerada en la Basílica de la Candelaria, aunque desapareció en 1826 tras una gran tormenta.
Durante la época colonial, las Islas Canarias fueron escala obligatoria para los barcos que cruzaban del Viejo Mundo al Nuevo Mundo, lo que permitió que la devoción a la Virgen de la Candelaria llegara a América del Sur y del Norte, extendiéndose a países como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Venezuela, Uruguay, Puerto Rico y Estados Unidos.
La celebración en Puno
En Puno, a 3 827 m s.n.m., la fiesta se lleva a cabo durante la primera quincena de febrero. Miles de bailarines de distintas escuelas se congregan, creando la mayor expresión cultural, artística y dancística del Perú y una de las más importantes de Sudamérica, junto al Carnaval de Oruro (Bolivia) y al Carnaval de Río de Janeiro (Brasil).
El 2 de febrero se celebra una misa solemne a cargo del párroco, seguida de una procesión acompañada por feligreses y una banda de músicos. Esa misma madrugada, las comparsas visitan los cementerios para rendir homenaje a los miembros fallecidos que habían participado en ediciones anteriores.
La fusión de manifestaciones aymaras, quechuas y españolas genera un ambiente único que atrae a bailarines, músicos, artesanos, fabricantes de ropa y calzado, y, por supuesto, a turistas de todo el mundo. El escritor indigenista José María Arguedas describió a Puno como "la otra capital del Perú" por la magnitud de esta celebración.
Reconocimientos oficiales
En noviembre de 1985, mediante el Decreto Ley 24325, Puno fue declarada Capital Folklórica del Perú, título que se sustenta en la magnitud de la Fiesta de la Virgen de la Candelaria. En 2003, el Instituto Nacional de Cultura la declaró Patrimonio Cultural del Perú. Con el tiempo, la devoción se amplió para incluir a la "Pacha Mama" (Madre Tierra), a quien la población agradece por sus cosechas.
Impacto cultural y económico
El festival no solo es una manifestación de fe, sino también un motor económico que dinamiza la industria local y posiciona a Puno como un destino turístico de gran relevancia en la región andina.