Contexto histórico
Tras la derrota del ejército terrestre cartaginés, los soldados sicilianos que habían servido bajo Hipócrates se retiraron a dos pequeñas localidades situadas a tres y quince millas de Siracusa. Allí, aprovechando sus fortificaciones, empezaron a contrabandear alimentos y víveres provenientes del interior de la isla.
El plan de Bomilcar
Con el objetivo de reforzar la posición cartaginesa, Bomilcar organizó el envío de una gran flota desde Cartago: 130 trirremes de guerra y 700 barcos de carga cargados con provisiones. El viento favorable les permitió cruzar el Mediterráneo hasta Sicilia, pero el mismo viento les impidió rodear el cabo Pachynum, retrasando su arribo.
Reacción de los romanos y de Epicides
La llegada inesperada de la flota cartaginesa provocó una mezcla de temor y esperanza entre los romanos y los siracusanos. Epicides, temiendo que los vientos del este empujaran al enemigo de regreso a África, dejó a los mercenarios bajo el mando de Achradine y se dirigió en barco hacia Bomilcar. Al encontrar su flota ya orientada hacia África, Epicides temió un enfrentamiento naval, no por la inferioridad de su fuerza, sino porque los romanos contaban con la ventaja del viento.
La estrategia de Marcellus
Marcelino, al percibir que toda Sicilia estaba movilizando un ejército formidable y que la flota cartaginesa se acercaba con importantes convoyes, decidió impedir que Bomilcar ingresara a Siracusa. A pesar de la menor cantidad de barcos romanos, ordenó bloquear el paso y situó sus naves frente al promontorio de Pachynum, a la espera de la primera calma que les permitiera abrir paso al mar abierto.
El enfrentamiento naval
Cuando el viento del este, que había soplado con fuerza durante varios días, disminuyó ligeramente, Bomilcar fue el primero en zarpar. Su avanzada intentó rodear el cabo, pero al avistar la flota romana, un inesperado temor lo obligó a retroceder, enviar mensajeros a Heraclea para que los barcos de carga regresaran a África y, finalmente, dirigir su nave hacia la costa siciliana, llegando al puerto de Tarento. Epicides, frustrado por la pérdida de la oportunidad de asediar una ciudad parcialmente conquistada, zarpó hacia Agrigento, prefiriendo esperar allí los acontecimientos en lugar de lanzar nuevas ofensivas.