
El avance de la Armada de África hacia Madrid
La Armada de África, a menos de 65 km del parque de la Casa de Campo, estaba bajo el mando del general Enrique Varela, un militar de pasado legendario. Hijo de sargento mayor, ingresó en el ejército como simple corneta y, gracias a su valor, recibió las más altas condecoraciones. En dos meses había desplazado a sus tropas unos 500 km.
Despliegue de las columnas y el asalto del 15 de octubre
Para atacar Madrid, Varela organizó cuatro columnas al este de San Martín de Valdegesías y Santa Cruz del Retamar, y una columna a ambos lados de la carretera nacional Toledo‑Madrid. El 15 de octubre se lanzó el asalto final que todos esperaban. El frente Varela avanzó hasta Illescas, Navalcarnero y Chapinería, a 30‑40 km de la capital.
Ante la presión, los republicanos contraatacaron el 18 de octubre en Chapinería y lograron romper las líneas nacionalistas. Dos días después, 15.000 milicianos atacaron Illescas desde tres ejes.
El papel decisivo de la artillería y la reserva de Varela
En Chapinería y en Illescas los republicanos estuvieron a punto de vencer, pero los nacionalistas recibieron apoyo de la artillería pesada y de bombarderos alemanes e italianos. El resultado se decidió cuando Varela desplegó las tropas que había mantenido en reserva, obligando a los republicanos a retirarse con graves pérdidas.
Refuerzo de la ofensiva y supremacía aérea nacionalista
Con la victoria asegurada, Varela lanzó nuevas unidades desde tres bases, apoyadas por cuatro escuadrones de bombarderos Ju, 52 tanques Fiat y casi 100 más. La fuerza aérea republicana, que incluía aviones franceses tripulados por personal bien entrenado, quedó prácticamente destruida, otorgando a los nacionalistas la supremacía aérea total. Además, los defensores de Madrid ya no contaban con tanques ni cañones antitanque, aunque sus defensas resistieron sorprendentemente.
Intervención soviética y la batalla de octubre
El avance republicano provocó que la Unión Soviética enviara ayuda militar. A principios de septiembre llegaron los primeros técnicos de aviación soviéticos; en octubre desembarcó un primer lote de doce cazas y, el 16, dieciocho cazas más, 50 tanques pesados, 100 tripulaciones de tanques y 150 aviadores del Ejército Rojo en Cartagena.
Varela trasladó su caballería mixta al flanco derecho, al sur de Madrid, para abrir una brecha en la defensa citadina. El 24 de octubre la caballería, con apoyo de tanques y ametralladoras, despejó el terreno entre las carreteras Illescas‑Madrid y Aranjuez‑Madrid, capturando los pueblos de Borox, Esquivias, Sesera y Cuesta de la Reina. El avance amenazaba la comunicación entre Valencia y Madrid, obligando a los republicanos a usar sus reservas y escasas armas nuevas.
La respuesta republicana y la táctica de los tanques soviéticos
El 28 de octubre Francisco Largo Caballero anunció por radio la llegada de aviones y tanques para un ataque al amanecer. Los nacionalistas agradecieron la información, pero cuando los tanques soviéticos avanzaron de Aranjuez a Se‑Sella, la escasa infantería marroquí, los jinetes españoles y los ligeros Fiat fueron insuficientes para contenerlos. En los estrechos callejones de los pueblos, la artillería soviética causó estragos, destruyendo puestos de ametralladoras, caballería y tanques italianos. Un comandante ruso afirmó haber abatido once tanques.
Los tanques soviéticos emplearon una táctica similar al Blitzkrieg alemán: avanzaron en grandes formaciones al frente de la infantería, apoyados por ametralladoras que abrían fuego tras el paso del escudo. Llegaron a Torrejón, en la carretera Illescas‑Madrid, pero al carecer de apoyo de infantería no pudieron consolidar la ventaja y se vieron obligados a retroceder. No obstante, la superioridad de los tanques republicanos y el bombardeo soviético demostraron a Franco que la guerra civil había entrado en una nueva fase, haciendo inviable la toma de Madrid con una pequeña élite.