Introducción
Los escritores griegos y romanos nos dejaron abundante información sobre los poderosos etruscos: su religión, sus ciudades amuralladas y su rivalidad con los griegos por el dominio del Mediterráneo occidental. Gran parte del conocimiento proviene también de su propio patrimonio arqueológico, sobre todo de las necrópolis, verdaderas "ciudades de los muertos" que acompañan a cada urbe etrusca.
Orígenes y origen
El origen de los etruscos sigue siendo un debate sin resolver. Heródoto los vinculaba a los tirrenios que, según él, llegaron por mar desde la Lidia de Asia Menor. Por el contrario, Dionisio de Halicarnaso sostenía que eran un pueblo autóctono de la península. Incluso Tito Livio sugiere una procedencia norteña, aunque de forma vaga. La discusión, iniciada en la Antigüedad, continúa entre los investigadores modernos.
Organización política
Etruria no era un estado único, sino una confederación de doce ciudades‑estado independientes, entre las que destacan Arretium, Perusia, Vulsinii, Caere, Tarquinia, Clusium y Veii. Estas ciudades compartían el culto a la diosa (o dios) Voltumna, cuyo santuario estaba cerca de Vulsinii y allí se reunían anualmente para elegir un rey ceremonial sin poder real. Cada urbe gestionaba su política exterior por intereses propios y, cuando se necesitaba un ejército conjunto, la decisión la tomaba el consejo de representantes.
En los siglos VI‑V a.C. la forma de gobierno pasó de monarquías con símbolos reales (trono de marfil, hacha doble, cetro con cabeza de águila) a magistraturas aristocráticas electas, aunque los títulos y funciones exactas siguen siendo desconocidos. La aristocracia concentraba el poder; la mayoría de la población era dependiente y se les llamaba "etera", compañeros del noble a quien servían en el ejército.
Expansión y relaciones exteriores
Desde el siglo VII a.C. los etruscos extendieron su influencia a Campania, al norte de los Apeninos y al valle del Po, fundando ciudades como Capua, Nola, Felsina, Mantua y Spina. Su dominio en Latium es controvertido: algunos autores afirman que conquistaron la zona y fundaron Roma, mientras que otros solo reconocen una influencia cultural.
El expansionismo etrusco chocó con la colonización griega del siglo VIII a.C. en el sur de Italia y Sicilia. Su poderosa flota compitió con la griega, lo que atrajo la atención de Cartago, aliada etrusca contra el expansionismo helénico. Juntos lograron mantener el control de los mares tirreno y adriático.
Cultura y religión
Los etruscos adoptaron el alfabeto griego para crear su propia escritura, aunque la lengua sigue sin descifrarse completamente. Su arte funerario, con frescos y crípticos decorados como palacios, muestra una visión del más‑allá similar a la de Egipto y otras culturas orientales. Los dioses etruscos conservan nombres greco‑latinos: Aplu (Apolo), Netun (Neptuno), Maris (Marte). El dios supremo era Tin, señor del cielo y del rayo, y su consorte era Uni, diosa de la fertilidad.
Los sacerdotes harúspices, expertos en la adivinación a partir de entrañas y del vuelo de las aves, tenían gran prestigio. Hallazgos de modelos de hígados indican contactos con Babilonia y Asia Menor.
Decadencia y legado
Ya a finales del siglo VI a.C. aparecen los primeros signos de declive: conflictos internos entre facciones aristocráticas y presiones externas de griegos, cartagineses y, sobre todo, de los romanos. La expulsión de la dinastía tarquinia y la derrota de Porsenna marcaron el comienzo del fin. En el siglo V los etruscos perdieron Campania; en el IV fueron derrotados por Roma, que absorbió su cultura y conocimientos.
Aunque su lengua desapareció tras la romanización en el siglo II a.C., la huella etrusca persiste en la arquitectura, la ingeniería hidráulica (como los acueductos y cloacas de Roma) y en la tradición religiosa que influyó en la Roma republicana.
Según la enciclopedia.