El conflicto que culminaría en la Guerra de los Cien Años tiene sus raíces en la época del rey Enrique II de Inglaterra (1154‑1189). Su reinado estuvo marcado por una serie de tensiones políticas, familiares y eclesiásticas que transformaron la relación entre los dos reinos.
Contexto normando y origen de la rivalidad
Tras la invasión vikinga, los normandos establecieron dos importantes dominios:
- Conquista de la parte norte de Francia, creando el Ducado de Normandía.
- Invasión de Inglaterra en 1066, fundando la dinastía normanda en la isla.
Así se configuró una situación paradójica: el rey de Inglaterra era vasallo del rey de Francia por sus posesiones continentales, pero a la vez era su rival más poderoso.
El matrimonio de Enrique II y Leonor de Aquitania
En 1152 Enrique II se casó con Leonor de Aquitania, heredera de un vasto territorio del suroeste de Francia. La unión le otorgó al monarca inglés una enorme base de poder en la península, lo que generó una tensión inmediata con el rey Luis VII de Francia.
Leonor, tras su divorcio de Luis VII, trajo a su esposo una considerable porción de tierras que antes estaban bajo la influencia francesa, incrementando la rivalidad entre ambas coronas.
Conflicto con la Iglesia: Thomas Becket
En la Inglaterra normanda existía un fuerte poder judicial eclesiástico que permitía a los clérigos ser juzgados por tribunales de la Iglesia, a veces con penas más leves que en los tribunales reales. Enrique II consideró que este privilegio socavaba la autoridad real y propuso dos reformas:
- Que los clérigos fueran juzgados primero en los tribunales seculares.
- Prohibir apelaciones al Papa sin el permiso del rey.
El arzobispo de Canterbury, Thomas Becket, que había sido amigo y consejero del rey, se opuso firmemente. Tras su nombramiento como arzobispo, Becket defendió la independencia eclesiástica, lo que llevó a su exilio y, al regresar, a su martirio a manos de caballeros leales a Enrique en 1170.
El asesinato provocó una crisis que obligó a Enrique a ceder ante la Iglesia, marcando la primera gran confrontación entre la monarquía inglesa y el papado, paralela a la futura Controversia de la Investidura.
Rebeliones de los hijos (1173‑1174)
Enrique II dividió sus dominios entre sus hijos, pero la distribución generó resentimientos:
- Enrique el Joven recibió Normandía, Anjou, Maine y Touraine.
- Ricardo heredó Aquitania.
- Juan era demasiado joven para recibir tierras.
El descontento se agravó cuando Leonor apoyó a sus hijos contra su marido y el rey Luis VII de Francia se alió a la rebelión. Incluso el rey de Escocia participó.
Enrique logró sofocar la revuelta, pero la confianza familiar quedó fracturada y su relación con Leonor se volvió enemistosa; ella fue encarcelada durante quince años.
Sucesión y el ascenso de Felipe II de Francia
En 1180 murió Luis VII y le sucedió Felipe II (el Joven). El nuevo monarca francés buscó aprovechar la debilidad anglosajona, apoyando a los hijos de Enrique y reclamando territorios que la familia Plantagenet había adquirido.
La muerte inesperada del hijo mayor, Enrique el Joven, en 1182, dejó a Ricardo como heredero principal, mientras que Juan, el más joven, empezó a conspirar contra su padre.
Richard contra Enrique II
En los últimos años de su vida, Enrique II enfrentó la rebelión de su propio hijo Ricardo, quien contaba con el apoyo de Felipe II. La salud de Enrique se deterioró y, tras la traición de Juan, murió en 1189. Ricardo I, conocido como Ricardo Corazón de León, le sucedió en el trono inglés.
Conclusión: la semilla de la Guerra de los Cien Años
El reinado de Enrique II sentó las bases del conflicto anglo‑francés: la posesión de territorios continentales, la rivalidad dinástica, la confrontación con la Iglesia y las revueltas internas debilitaron la relación entre ambos reinos. Cincuenta años después, esas tensiones se transformaron en la Guerra de los Cien Años, que definiría la historia de Europa occidental.